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MALIaria O EL
ORDEN DEL CAOS
Esta vez llevó un poco más de tiempo atravesar
el país. Casi dos meses para recorrer parte
del bucle interior del Níger, con todo tipo de
aventuritas y atoramientos. Pero cuando se mira
a posteriori se puede ver un fractal complejo,
lleno de recovecos y curvas y mucho, mucho color.
Llegada a la
city.
Una pequeña separación del grupo. Al final
de la pista de Siguiri (Guinea) a Bamako, dos
cogemos un camión mientras los demás siguen traqueteando
sobre los baches. El reencuentro en Bamako es,
como siempre, glorioso: fiestecilla nocturna (dancing,
cerveza, Pastis) con Guido, un canario-catalán,
y Mohamed, del restaurante "A La Casa". La Misión
Católica, donde nos alojamos, nos parece un lujo:
mosquitera, ventilador, buen colchón y un gran
patio para trajinar con las burras y, también
a ellas, hacerles las reparaciones, limpiezas
y masajes obligados.
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Sin embargo a Antonio no parece convencerle
tanta comodidad y, unido a un forúnculo que le
debilita, aparece el primer paludismo de la
temporada. El seguro médico que contratamos
en Madrid (Seguros Asitur) responde con muy poco
de profesionalidad y educación y un mucho de engaño.
Por otra parte, Antonio echa de menos a Esther,
que supone estará haciendo y deshaciendo la manta
de Penélope en Madrid, así que un día se levanta
por la mañana y nos sorprende a todos con su decisión
de volverse. "Sólo por amor se puede abandonar
la carrera", palabras textuales.
Entre tanto sobresalto, aprovechamos para asistir
a un gran concierto en la Casa de la Cultura.
Es la "Noche de la Paz", y el asunto que más
preocupa ahora es el conflicto entre los touaregs
y otras poblaciones sedentarias, tanto en Mali
como en otros países. Hay ataques a menudo
cerca de Tombouctou, pero está claro que nadie
quiere seguir así. "Sólo" hace falta una solución
negociada y política. Así que, hablando de estas
cosas con los touaregs que encontramos en el concierto,
y con unos y otros, acabamos el concierto todo
el público bailando sobre las sillas.
Hacia
Ségou.
La salida de Bamako la hacemos por el primer
carril-bici que encontramos en África, aunque,
además de bicis, por él circulan todo tipo de
motos, carritos y demás. El paisaje se va volviendo
más verde según avanza la estación de las lluvias.
Baobabs, acacias, caicedras, cigüeñas de vientre
blanco y un montón de pájaros entre los árboles
de karité. En una bomba de agua (de las construídas
por los Emiratos Árabes, que también tienen aquí
muchos proyectos de cooperación) una vieja-pelleja,
griotte, todo sonrisa y fuerza, nos coge del brazo,
lo levanta y nos canta a veinte centímetros de
la cara sus bendiciones. Gracias. Los cambios
de la bici de Pepe no van bien, así que continúa
sin parar hasta la ciudad, mientras los demás
luchamos juntos contra el viento.
Una vez instalados en Ségou, aparece el segundo
paludismo. Un ligero dolor de garganta seguido
de una fiebre anormalmente alta, así que otros
cinco días para que Pepe se recupere.
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Ségou está las orillas del Níger y en
la época colonial fue un centro comercial
importante; y mucho antes, la capital de
uno de los imperios más poderosos de Mali.
Hay mucho movimiento por el río y huertos
en las terrazas, que se cubren cuando el
Níger crece con las lluvias.
Allí conocemos a Alice, una refugiada de
Sierra Leona que canta con voz cazallera
y quebrada al estilo blues-maliano. También
lleva el "Non-Stop", un restaurante donde
se come fabulosamente.
Buscando
a Holga desesperadamente.
De Ségou a Djenné decidimos no ir por la
carretera principal, sino algo más cerca
del río, por los caminos de las enormes
explanadas que en las lluvias se cubren.
Todo un mar interior desde Ségou a Tombouctou,
donde ya comienza el desierto. En esta
época muchos pueblos quedan incomunicados
durante meses, rodeados por agua.
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A partir de Dioro, la pista deja de serlo y comienza
una red de pequeños caminos. A la entrada de un
pequeño pueblo, Holga toma el camino que lo rodea
en vez de entrar, donde los demás esperamos. Gracias
a que cinco toubabs (blancos en lengua bambara)
en bici por esta zona son una novedad, alguien
nos avisa de que Holga ha pasado de largo. Corremos
a alcanzarla, volvemos, avanzamos hasta el siguiente
pueblo, pero nada. Cuatro días sin ella, ella
sin nosotros, pero muy bien acogida por los pueblos
peul de la zona, pastores semi-nómadas que
se mueven con las lluvias, y que le ofrecen comida,
lugar para dormir y muy buenos ratos.
El resto nos dedicamos a preguntar a toda persona
que encontramos, utilizando señas y dibujos, idioma
mucho más internacional que el francés. Nos separamos:
dos intentamos poner un mensaje por radio y entre
que llegamos al pueblo de la emisora, pasamos
la noche en una maternidad. Deseamos en voz baja
que el parto que sucede al otro lado de la pared
vaya bien. Tras pocas horas de incertidumbre,
aparece un nuevo ocupante del edificio.
Otros dos recurrimos a una moto para seguir buscando
por los alrededores. Pepe encuentra a un marabou
(hombre de conocimiento, sabio y guía espiritual)
que acierta de pleno con lo que está sucediendo:
"Holga va por delante de vosotros, mucho más hacia
el Este. Está bien y antes de que el sol se ponga
tendreis noticias seguras de ella". Sin dudarlo,
sabiendo que Holga va camino a Djenné, allí vamos
a encontrarnos.
La espiral
de Djenné.
A orillas del río Bani, Djenné ha sido, junto
a Tombouctou ("la otra mitad de la misma ciudad"),
el centro del comercio del África del Noroeste
durante muchos siglos. El nombre de Tombouctou
es mucho más conocido en Europa porque de allí
salían hacia el Norte, en caravana por el desierto,
las mercancías que llegaban de Djenné por el río.
Sin embargo Tombouctou, en aquel tiempo, no era
más que un "almacén" de Djenné.
Aquí se encuentra el edificio de barro más
grande del mundo, su famosa mezquita, reconstruída
y arreglada cada año después de las lluvias. Djenné
es el centro religioso más importante de esta
zona, un lugar de culto obligado.
Y nosotros le rendimos culto durante veinte
días. La espiral comenzó con el paludismo más
grave. Un enorme chute de quinina y vitaminas
para sacar a Juli de la semi-inconsciencia y las
alucinaciones auditivas.
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El tiempo de recuperación fue compartido
con una pareja de franceses que acababan
sus proyectos de cooperación: Sophie y Dominique,
junto a Nicola y Phillippe, que andaban
de visita. También tuvieron que ver estos
muy buenos ratos con ellos para que remolonearamos
un poco más en esta ciudad llena de polvo.
Tanto que, a los dos días de ponernos en
marcha, volvimos para su boda, decidida
en un arranque de la vie est belle. Superfiestón
en todo el pueblo. Hasta vino Lobi Traoré
a tocar, uno de los mejores guitarristas
de Mali. El robo de una cámara de fotos
y una riñonera no pudo amargar el buen sabor
de boca del momento.
El
país Dogón.
Para cerrar como es debido la travesía
por Mali, teníamos obligación de visitar
el País Dogón, en la Falla de Bandiagara.
Así, dos nos quedamos con Mohamed, de Bamako,
para dar una vueltecita de tres días, mientras
el resto continuaban hacia Burkina.
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El País Dogón es lo más turístico de Mali, pero
su atractivo resulta justificado por lo impresionante
de su paisaje: un corte en la tierra de casi 150
Kms pone un poco de altura en la planicie del
Sahel. Cascadas de 100 ms de altura para remolonear
un poco más y sueños a la bella estrella sobre
los tejados, como dicen en francés.
Comprobado que el caos se reordena solo y forma
trazos de complejidad y belleza extraña, desde
lo alto de la Falla creíamos ver el final de una
espiral, y más allá Burkina, a la vuelta de la
esquina. Pero justo antes de doblar la esquina,
todavía habrá que pasar por un charco de un kilómetro
y medio, con agua hasta más arriba de los pedales.
El equipaje no flota, vayapordios.
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Vive
la cooperation française!!.
Coletazo de la época
del colonialismo, en casi toda la zona
Noroeste de África se habla el francés como
lengua oficial, junto a las lenguas autóctonas.
Además, existe en cada gran ciudad un Centre
Cultural Français (CCF) o una Alliance Française
o una École Francophone. En estos lugares
se puede consultar las bibliotecas, ver
cine, encontrar periódicos franceses y del
país, o tomarse una cerveza. Por lo general
suelen construírse con bastante gusto y
son lugares agradables, donde es
fácil coincidir con gente europea dispuesta
a ayudar.
Por el resto del
territorio hay multitud de proyectos de
cooperación gestionados por ONGs francesas.
Algunos de estos proyectos están articulados
en torno al servicio civil. Si jamás
hemos tenido problemas con la hospitalidad
de los africanos, también los franceses
que nos encontramos nos han ofrecido todo
tipo de ayuda: casas, ordenadores, viajes
en coche, enlace con la gente del lugar,
neveras llenas de cerveza… Siempre dispuestos
a mostrarnos sus proyectos y a pasar unos
buenos ratos juntos.
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