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En Ruacana empezó lo que seria una constante
en todo el país, el miedo a los animales.
Allí nos asustaron con los cocodrilos y las serpientes
venenosas de las cuales hay muchos tipos que te
pueden quitar del tabaco.
En Epupa estuvimos tres días reponiéndonos
del machacón en casa de Stagon, un joven himba
convertido al catolicismo, y en compañía de estas
gentes que tienen costumbres milenarias: utilizan
pieles para taparse solo la parte de abajo del
cuerpo, las mujeres se pintan el cuerpo con una
mezcla de polvo rojo y mantequilla que les resalta
su belleza. También fuimos regalados con la
compañía de Manuel y su familia, todos ellos exiliados
de Angola con los que pudimos chapurrear el portuñol.
A partir de aquí, siempre hacia el sur las pistas
se hacen rodables pero con muchas dificultades
y casi siempre con viento en contra. En Opowo,
capital de Kaokoland, lejos del río Kunene perdimos
el miedo a los cocodrilos. Pero nos metieron el
de los leones y elefantes. Parece ser que
se cargan a alguien de vez en cuando estos gigantescos
animalotes, sobre todo al oír el click de las
cámaras fotográficas. Muchas noches hemos pasado
miedo con los ruidos extraños que se producían
a nuestro alrededor, y un día en el árbol donde
decidimos parar a comer, matamos dos serpientes
por si las moscas.
Opuwo-Uis.
Dejamos la casa de los parientes de Manuel en
Opowo hacia el sur por unos parajes donde viven
elefantes en libertad. Hemos sido testigos de
todas sus huellas, árboles destrozados, cacas,
etc... pero a ellos mismos no los vimos en alguna
ocasión por cuestión de minutos.
Cruzamos una cadena de montañas con algunas
rampas muy duras y descendimos hasta Sesfontaine
acompañados por manadas de Springboks luciéndose
ante nosotros con sus saltos y carreras .
Un día tuvimos que poner la mosquitera a la hora
de comer porque las moscas nos comían a nosotros
(moscas que ya nos sacaron de quicio en Guinea).
Descansamos en el río Hoanib, cerca de Khowarib
y disfrutamos de su cauce y riberas sin tener
que cargar con todo el equipo.
De camino hacia Palmwag se cruzó ante
nosotros una estampida de jirafas, cebras y springboks
que suponíamos huían de algún depredador.
Los problemas digestivos de Pepe nos hacen
descansar una tarde entera en Bersig atraídos
por el cartel de un restaurante donde no había
comida. "De restaurante solo tiene el nombre"
nos dijeron las dueñas, pero aun así nos invitaron
a compartir su comida, y allí estuvimos congeniando
con Pia, Sybil, Paulina y Base, con las que pasamos
una entrañable sobremesa bien surtida de cervezas.
Una vez recuperados nos dirigimos entre nuevos
y espectaculares paisajes rocosos poblados de
avestruces y caballos salvajes (descendientes
de las monturas abandonadas por los militares
alemanes) hasta la Montaña Quemada, restos de
una erupción volcánica. En Twifelfontaine estuvimos
admirando las pinturas y relieves rupestres de
los bosquimanos, algunos de ellos con 6000 años
de antigüedad. La siguiente parada fue en
Uis, un pueblo construido al puro estilo alemán
pero en mitad del desierto, que vive de una mina
de piedras semipreciosas. Allí repusimos fuerzas
y recompusimos el equipo.
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De
Uis a Walvis Bay.
Madrugón especial para cruzar los 125
kms de puro desierto que hay desde Uis a
Hentys Bay en la costa atlántica. Ese
día la siesta fue bajo el sol, y el viento
en contra nos hizo perder mas energías de
las necesarias. El precio lo pagamos al
día siguiente cuando pretendíamos alcanzar
Cape Cross en contra de un renovado viento
mas fuerte aun que el del día anterior,
que nos empujo hacia el Fisherman Inn para
calmar el resuello y poder continuar.
Pero Teresa y Mike nos invitaron a poner
la tienda detrás del bar y allí estuvimos
un par de días mas. Nos llevaron a pescar
y enganchamos un Cobeljou de 4.5 kgs y dos
pequeños tiburones. Visitamos la colonia
de leones marinos en Cape Cross, una de
las mas grandes del mundo con mas de medio
millón de estos mamíferos. Estos animales
(que pueden alcanzar los 200 kilos) necesitan
comer un tercio de su peso en pescado todos
los días, lo que nos da una idea de la magnitud
del banco pesquero del país.
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Las ganas de charlar en español nos llevan
a visitar Walvis Bay, una ciudad pesquera con
una población de marineros españoles, en su mayoría
gallegos, relativamente numerosa. Gracias
a la generosidad de Jesús, que se dedica a fabricar
maquinaria para la industria pesquera, nos alojamos
completamente gratis en la Casa del Marino. Allí
pasamos unos días inolvidables con Francisco,
Pedro, José Manuel y compañía. Con ellos bebimos,
hablamos y reímos en nuestros idiomas maternos
y aprendimos de su propia boca todos los intríngulis
de la vida pesquera tanto en los barcos como fuera
de ellos. Mención especial para las abundantes
y sabrosas comidas al mas puro estilo gallego
en la casa del Marino y en los comedores de los
barcos.
Walvis
Bay - Seeheim.
Volvemos a atravesar el desierto del Namib,
esta vez desde la costa al interior; una distancia
de 240 kms sin agua nos obliga a echar mano de
un nuevo sistema para obtenerla: parar a los turistas
que suelen ir muy bien preparados, contarles un
poco la historia y pedirles un refrigerio.
Muchas veces no tienes ni que pararlos tu a ellos.
Te ven en medio del desierto con una bici y paran
para echarte fotos y ofrecerte agua y/o cerveza.
Es el caso de los suizos Susanne y Marcel, que
viajan en su caravana, con los que compartimos
un par de veladas mas que interesantes y divertidas,
la primera de ellas atravesando el Namib y la
segunda cerca del cabo de Agulhas en Sudáfrica
un mes mas tarde.
Llegamos a Sesriem pasando por Solitaire,
primer punto de agua que nos encontramos desde
Walvis Bay. Allí nos atardeció en Sossusvlei entre
las dunas mas altas del mundo, de arena roja.
Antes habíamos perdido el habla al ver el bosque
calcinado por el sol, de nombre Deadvlei. Ambos
lugares son lagos ocasionales formados por riadas
inusuales que son detenidas por las dunas: de
esta manera cada diez o doce años crece nueva
vida creando parajes de un desolado surrealismo.
Llegamos al Kulala Lodge con la intención
de conocer a Vincent, amigo de Pierre, al que
conocimos en nuestra travesía por Burkina Fasso.
Allí nos hospedaron durante unos días completamente
gratis, disfrutando de una estancia mas allá de
nuestras expectativas. Agradables cenas saboreando
la carne de Springbok, excelente vino sudafricano
y entrañable compañía de Vincent y demás trabajadores
en aquel remoto y desértico valle pedregoso frente
a las dunas rojas. También allí, numerosas manadas
de Orix disfrutan de este entorno gracias a la
humedad del rocío que absorben a través de la
piel.
El día que salimos del Kulala una terrible
pájara de Julián, posiblemente ocasionada por
la inmensa pena que cargábamos por dejar aquel
paraíso, nos deja inmovilizados sin agua en un
inmenso valle. Una vez mas, al día siguiente
nos salvo de la sequía una pareja de turistas
que pasaba en su 4x4.
Pero la gran prueba de fuego era meterse por
la carretera 707, espectacular y espectral ruta
de tierra y arena de 120 kms que se mete dentro
del desierto entre montañas de rocas descarnadas
a un lado y las dunas que cubren toda la franja
costera de Namibia, al otro. Una pequeña lluvia
del día anterior endurece la arena de la pista
y nos permite rodar con relativa facilidad a lo
largo de toda la mañana. Por supuesto, los únicos
tres coches que vimos ese día pagaron como impuesto
a l@s biciclet@s unos cuantos litros de agua.
En Aus descansamos en el hotel de Herr invitados
por el. Desde allí por carretera asfaltada y viento
a favor volamos a Seeheim, para al día siguiente
continuar hacia el Fish River Canyon. Pero
en una improvisada fiesta conocimos a Hennie y
Eland que nos organizaron un viaje hasta Woorcester
a 150 kms de Cape Town, en Sudáfrica, en 4x4 con
las bicis en el techo. Con ellos visitamos el
Fish River Canyon y las fuentes termales de Ai-Ais.
Ese día recorrimos alrededor de 1000 kms con
la facilidad que solo te puede dar un vehículo
a motor; en unas pocas horas llegamos cerca de
Cape Town, de donde habíamos salido casi dos meses
antes.
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FICHA
TECNICA: Viva el turismo!.
El mayor problema
al viajar en bici en Namibia es el agua,
ya que las distancias son muy largas entre
los lugares donde se puede encontrar. Por
esto, en muchas ocasiones, es necesario
trasnochar en el campo, lo cual es mas que
recomendable por encontrarte en una de las
tierras mas bellas, diferentes y despejadas
que existen.
En otros países africanos
hemos llevado una botella de 1,5 litros
que rellenábamos varias veces a lo largo
del día. Cuando parábamos para comer o acampar,
nos aprovisionábamos de 3 litros mas por
persona.
Sin embargo, en Namibia
es necesario llevar siempre en ruta al menos
6 o 7 litros por persona como mínimo. Y
en algunos casos es necesario sumar otros
4 o 5 litros.
Y no obstante, atravesando
el desierto del Namib, hay distancias tan
largas sin agua que ni con esos 10 o 12
litros es suficiente. Entonces, surge
un ultimo recurso, que da a la cosa un toque
de incertidumbre: el turismo. El requetebién
preparado turista en Namibia te puede salvar
de pasar mucha sed, y aunque hay que atravesar
pistas en las que solo pasan 3 o 4 coches
al día, son suficientes para sacarles unos
cuantos litros que faltaban para resolverte
el tema. Viva el turismo!!!
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