|  |
|
|
SWAZILANDIA:
EL REENCUENTRO.
Este rinconcito del Sur de Africa fue, claramente,
nuestro lugar de encuentros. Pues fueron dos.
Uno era la incorporación de una nueva bicicleta
al grupo, entre las piernas de Pablo. Que
sea hasta muy lejos y que no sea la ultima. El
otro era el reencuentro de los biciclet@s desperdigados
durante los últimos cuatro meses. Y lo mismo.
Que haya muchos más de estos.
Sólo estuvimos unos pocos días (15) y unos pocos
kilómetros (205) en este pequeño Reino, que
junto con Marruecos y Lesotho, forman las tres
ultimas dinastías africanas en activo. Swazilandia,
la tierra de los swazis, es lo que queda de
las tierras que llegaron a dominar un conjunto
de tribus bantúes mezcladas entre si hace 200
años para resistir la expansión de los vecinos
zulúes. Ocupan una pequeña extensión de tierras
altas, abundantes en bosques y cursos de agua.
Aquí se pueden encontrar un par de buenas reservas
naturales y, a pesar de que la influencia
de la poderosa Sudáfrica es latente, se disfruta
de una gente más abierta y suelta. La forma
de trato con los swazis contrasta muchas veces
con lo que veníamos a estar acostumbrados en los
meses anteriores. No sin razón, aquí no llego
el malvado apartheid. Y eso que tienen monarquía.
|
|
|
|
Volvemos a mirar al horizonte todos juntos. Detrás
de las montañas de Lebombo empieza Mozambique.
No todo son alegrías, pues también se acaba la
zona libre de malaria. ¡Horror!
Sin noticias
de Gurb.
Andábamos más o menos como el marciano aquel.
A pesar del internet, la supercomunicación y todo
eso, Ana, Holga y Josetxu entramos en Swazilandia
con la idea de esperar al resto en Manzini.
Sabíamos que Juli y Pepe andaban en algún punto
tras nuestro rastro, y que en cinco días Pablo
aterrizaba en Johanesburgo con ganas de pedalear.
Salimos de Sudáfrica sin grandes problemas y
las visas caducadas. La estrella sigue aquí. Ya
en el otro lado buscamos sitio donde poner la
tienda y los aduaneros nos ofrecen cuatro metros
cuadrados en la cuneta de la carretera bajo un
foco de 1000 watios. Menos mal que el que vendía
comidas al lado estuvo en Málaga en un congreso
y le entramos por el ojito derecho. Esa primera
noche swazi la pasamos dentro de un restaurante.
|
|

|
|
No llevamos prisa, y con calma vamos
pasando distintas cadenas montañosas. Las
carreteras son buenas y están llenas de
taxis y de camiones llenos de madera
con rumbo al gigante del Sur. En las laderas
de los valles se empieza a notar la mano
de la explotación forestal. Esperemos que
aquí lo hagan mejor. Tarde de lujo rodando
por un valle abierto. Una escuela se
camufla al lado de la ruta y nos acercamos
a nuestro lodge habitual. Los chavales
juegan al fútbol hasta tarde, mañana no
hay escuela. Será viernes y por eso no está
el director. Las primeras tormentas de invierno
están avisando y vemos con satisfacción
que las ventanas no tienen cristales. ¡No
importa, pondremos la tienda! Les decimos
a los chicos entre risitas y miradas cómplices.
Oímos la tromba ya refugiados dentro de
un aula, tomando te, café, galletitas y
ojeando un manual de ortografía swazi.
Unos kms más de descenso y con las piernas
calentitas escalamos las subidas que
te llevan a Manzini. Antigua capital y centro
de negocios del resto del país, Manzini
es una ciudad chiquitita, con pocos rincones
bonitos, que vive al ritmo del comercio.
A las afueras, en la ladera de una tranquila
colina se encuentra un backpacker que anuncia
como exotismo que su dueño es un nativo.
Se llama Mixo, y allí pasaríamos una semana
llena de sesiones de email, llamadas por
teléfono a Jo'burg, y todo hay que decirlo,
unos poquitos nervios. Menos mal que por
allí apareció Thomas, un carpintero berlinés
que va recorriendo el mundo en bicicleta
a intervalos, entre idas y venidas a
Berlín, trabajos casuales y visitas a distintas
cárceles del planeta. Chapeau.
|
|
|
Por allí también pasaron Elsa y Mike. Nacieron
en Zimbabwe, viven en Zambia, y se buscan la vidilla
por todo el Sur de Africa. Hacen safaris, venden
artesanías, mercaderes y nómadas. Como buenos
trotamundos intercambiamos direcciones, contactos,
info. Van a Mozambique en busca de fortuna. Nos
despedimos con una ligera promesa de volver a
vernos.
Encuentros
en la tercera fase.
La cosa fue más o menos cansina. Ana, Holga,
Josetxu y Thomas disfrutábamos de una degustación
de cáñamo a las que nuestro nuevo amigo alemán
era tan proclive. Tras ésta, a los bicicletos
nos entró unas incomprensibles ganas de
empezar a escribir un par de borradores para una
revista pakistaní. De forma inesperada nuestra
azarosa aventura adquiría una dimensión internacional.
En esas estábamos, delante de una computadora,
traduciendo como podíamos a un ingles tipo universitiofoxfor,
cuando de repente… llegaron. Eran tres, muy
delgados. Uno hasta se jactaba de ser el hermano
menor de Iggy Pop. Pero les reconocíamos por sus
inconfundibles sombreros guarros, camisetas raidas,
pantalones remendados, el común atuendo de los
bicicletos: Rústico.
Y en un cuartito los séis, juntitos, hicimos
una pequeñita bolaza de besos y abrazos, encima
de la cama, y ¿como tu por aquí?, y ¡cuanto tiempo!,
y alguna lagrimita y algún pellizquito. Y tantas
cosas que decir y contar. Una buena noche de esas
largas. La verdad es que estuvo muy bien.
|
Ya tocaba recomponer el desmadre. Mapas,
planes y planos, fechas. Los días pasan
retocando bicis, pagando visas y comprando
antimaláricos. Por cierto, aquí es más
fácil y barato adquirir los nuevos medicamentos
antimálaricos a base de artesunate, como
el Arinate o Arsumax. Por el backpacker
siguen pasando personajes: Che y Pedro están
comenzando un viaje por todo el mundo, en
principio un par de añitos. Andan buscando
un coche por aquí para recorrerse Africa
sin tanto taxi, autobús, camioneta. Nos
despedimos de ellos con las ganas de volver
a vernos por Mozambique.
Luego llegó un versión afrikaner de Bony
and Clyde. Nada peligrosos. Con artesanía,
baratijas. Montones de baratijas. Van rulando
por todo el Sur africano mercando y transando,
con idea de montar su propio backpacker
en su tierrita, allá por el Orange State
sudafricano (jacquessteyn@hotmail.com).
Hasta nos enseñaron las fotos del sitio.
Entrañable. Aprovechamos y adquirimos unos
venenitos para celebrar nuestro reencuentro.
Y que mañana es 1 de Mayo. Y que pasado,
nos vamos.
|
|
Volver
a empezar.
Y un soleado 2 de Mayo de 2001, vuelven los
bicicletos a su formación de lujo: Ana y Holga,
ellas, Juli, Josetxu y Pepe, ellos, y Pablo, el
nuevo. Pedal tras pedal. Como siempre.
Llegamos al Royal National Park de Hlane y un
cartel nos anuncia a ciclistas y motoristas de
la presencia de leones y elefantes. Aconsejan
no parar en los próximos 12 kms. Seguimos
sabios consejos, vemos con el rabillo del ojo
a un par de elefantes y de golpe entramos en unas
plantaciones de caña de azúcar. Nos hacemos la
comida en medio de unos de esos mall que ahora
aparecen en los sitios más insospechados. Cosas
de la globalización. Ya por la tarde empezamos
a subir las laderas de las montañas de Lebombo,
que separan Swazilandia de Mozambique. En
el puesto de control sanitario nadie está
para regarnos las bicis y los pies con el preventivo
para la "foot and mouth". Se conoce que ya es
un poco tarde y no tan importante. Unas buenas
cuestas más y a la mañana siguiente entramos en
Mozambique. Que bien, aquí muchos falan portugués
y es más fácil entenderse.
|
FICHA
TECNICA: El visado de Mozambique.
Resulta más fácil
y barato conseguir el visado turístico para
Mozambique desde la embajada mozambiqueña
en Mbabane, la capital swazi, que desde
las embajadas de Johanesburgo o en Europa.
Si llegas a Mozambique desde Sudáfrica,
merece la pena perder unos días en el país
swazi mientras la burocracia trabaja. Podremos
elegir entre visas de un mes y entrada única,
o de tres meses y múltiples entradas. La
primera cuesta 85 rands (aproximadamente
13 €, 1 rand~0,15€ ) si la queremos en el
mismo día, o 75R si la recogemos en dos
días, o 45R si la hacemos en una semana.
Es recomendable obtener visas de tres
meses, pues la renovación, ya en Mozambique,
es muy cara, unos 35 USD por un mes
adicional, y tardan varios días. Solo se
pueden hacer estas gestiones en las capitales
de provincia. Viajar con la visa caducada
no es broma en este país: 100 USD por
cada día de infracción. Es obligatorio
llevar el pasaporte encima ya que los controles
de policía son frecuentes.
|
|
|
|
|
|
|
| |
 | | | | | |  |
|