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A pesar de todo es un país hermoso, con playas
preciosas, montañas, selvas, ríos. Pero sobre
todo la gente. Muy, muy entrañable. Entramos
por la puerta grande, de la mano de un Viceministro,
y de mano en mano, mozambiqueña o española, recorrimos
el país en casi dos meses, con cinco malarias
y sin gastarnos un duro en alojamiento.
Maputo.
Llegamos a Maputo por la mañana, con todo el
día por delante, siguiendo la técnica de entrar
en las ciudades de día para tener mucho margen
de maniobra.
El azar quiso que el ahora Viceministro de
Agricultura y Desarrollo Rural, Joao Carrilho,
hubiera estudiado en una Universidad de Brasil
con un amigo de Mari Paqui, la hermana de Pepe,
uno de los bicicletos. Joao nos recibió en
su despacho y nos arreglo la estancia en la capital:
un chalet alejado del centro pero en el casco
urbano. Nos puso en contacto con el Ministerio
de Juventud y Deportes, con los que quedamos citados
para la siguiente semana con los medios de comunicación
en un acto publico donde nosotros formaríamos
parte de una campaña anti-SIDA, valiéndonos de
nuestro recorrido para realizar charlas y encuentros
en las diferentes poblaciones por las que pasaríamos.
Todavía no sabemos cuanto tiempo y cuantos países
han de pasar hasta la semana que viene.
El despliegue de los bicicletos en busca de
ayuda se intensifica en esta ciudad donde entenderse
es fácil: Entrevista en la radio nacional,
un articulo en el periódico, varias citas fallidas
con la televisión, contactos con empresas variopintas,
publicidad, pesca. Al final se obtiene un resultado
positivo, una contribución de 300 dólares por
parte de Jesús Blanco, de la empresa Crustamoz.
En el terreno del papeleo conseguimos un salvoconducto
firmado por el Sr. Cónsul de Malawi en Maputo. Podíamos
llegar tranquilamente hasta la frontera de este país sin
que corrieran los días de visado, pues estos empiezan
a contar desde el día que te ponen el sello. Así pues,
nos harían la visa en Blantyre, ya en Malawi, gracias
a dicho documento. Decidimos fiarnos.
Muy importante fue encontrar a Zanu y Csu, que trabajaban
para Caritas y nos proporcionaron mucha ayuda y amistad.
En lo que se refiere a gastronomía es de destacar
el pescado variado y fresco y sobre todo el marisco. El
langostino tiene fama de ser el más sabroso del mundo
y esta tirado de precio; aunque esto se está acabando
porque cada vez se demanda más desde el propio Mozambique.
Hasta hace bien poco era sólo para exportación. Las empresas
pesqueras españolas controlan ese producto.
Una noche estando de marcha nos encontramos con un tipo
que decía ser muy importante artista. Actuaba en el local
de al lado y nos hizo un precio especial para el grupo
de españoles ciclistas. Su actuación consistía en hacer
play back mientras dos chicas bailaban desenfrenadamente.
El CD del play back fallaba y era un poco vergonzoso.
Al cabo de unos días lo vimos en televisión en un video
musical de la misma guisa. Se llama Tinito.
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Días de rodaje fácil con ricas mandarinas, cocoteros
y el mar cerca. Con algún que otro rato de calor y con
Josetxu con asomos de fiebre que no le impedían pedalear
con normalidad.
Así llegamos a Inhambane, ciudad preciosa pero de
capa caída, que esta situada en la salida de una gran
ría, cerca de la playa de Tofo
Mica nos encontró en el jardín de su casa con las
tiendas montadas mientras practicábamos movimientos de
tai-chi. Su gesto de asombro no era para menos, no
nos conocía. Habíamos llegado allí a través del contacto
de una amiga de una amiga. Después de un rato y de las
debidas explicaciones quedamos tan amigos.
Holga, Pablo y Josetxu dieron negativo en las pruebas
de malaria que el servicio mozambiqueño de salud realiza
gratuitamente.
Hacia Villankulos.
Ya desde los primeros días una extraña y terrorífica
presencia nos acompaña a lo largo del camino, los campos
de minas antipersonales. Mozambique tiene para muchos
años de búsqueda y desactivación de estos artefactos comprados
a países como España, uno de los grandes productores a
nivel mundial.
Alcanzamos Villankulos sin reventar ninguna mina,
durmiendo necesariamente en poblados o aldeas que es donde
hay garantías de que ya no hay. Al llegar conseguimos
nuevamente alojamiento gratuito gracias al padre Sandro,
dos habitaciones en una misión.
Tuvimos buenos momentos con Mike y Elsa, dos currantes
del camping Baobab, a orillas de la bahía de Villankulos.
En el bar que regentaban Pablo se esguinzó un pie saltando
la barra para servirse un whisky.
Cambiamos de deporte, esta vez marino. Intentamos snorkling
(bucear sólo con aletas, gafas y tubo) dos veces. La primera
vez nos engañaron y nos llevaron directamente a un camping
de lujo en la isla de Bazaruto. Carísimo por supuesto.
Mal encontronazo con su manager y Josetxu temblando de
fiebre. Esta vez si es malaria. Nos volvimos. En este
viaje entablamos relación con Demian, un argentino afincado
en New York. Muy majete.
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A la segunda vez lo conseguimos. Sin Josetxu
y sin Ana, que por simpatía, se agarró también
una buena malaria. Ana llegó a estar montada
en la barca, pero se sentía mal y decidió prudentemente
no hacer el viaje que te lleva todo el día. Recomendamos
vivamente vivir esta experiencia del snorkling.
Junior, el mismo con el que contratamos el snorkling,
nos acogió en su casa de la playa. Allí pusimos
las tiendas y dejamos a los tres enfermos, dos maláricos
y un esguinzado, en el hospital improvisado.
Chimoio.
A medida que vas subiendo hacia el norte el
calor se va haciendo más presente. El bosque también
se cierra y las poblaciones entre Sofala y Chiboma
cerca de Chimoio escasean y has de planificarte
bien la ruta para no quedarte sin agua ni comida.
Un autobús con tres bicicletos nos adelanta cerca
de Nova Galega. Desde la ventana nos gritaron la
cita en Chimoio.
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Antes de Chimoio te encuentras unas montañas con fuertes
pendientes, muy frondosas y verdes. Cuando llegaron
Holga, Juli y Pepe, este ultimo tenia ligeras fiebres
que remitieron con el descanso entre Chimoio y el lago
Chicamba.
Gran encuentro: Mario (Marito) y Leonor, a los
que conocimos porque Mike y Elsa (los del camping
Baobab en Villankulos) nos dijeron que tenían
un backpacker. En realidad aún no lo habían
construido pero tenían jardín y allí nos metieron.
Unos días más tarde nos invitaron al sitio donde
van a construir el backpacker, en el lago Chicamba.
Un sitio precioso para bicicletear. Una región
que se hace salvaje a medida que se va acercando
a la frontera de Zimbabwe.
Con dolor de corazón dejamos a Marito y Leonor,
y también a Enric, un muchacho habilidoso e inteligente
que cocinaba como Dios.
La región
de Tete.
Seguimos camino hacia el norte, hacia Changara,
entre curiosos mogotes de roca. Las fiebres
de Pepe aparecen de nuevo y Holga también se suma.
A Changara llegaron temblando. Allí nos acoge
un gran personaje, el padre Alberto, que llevaba
más de treinta años trabajando en una zona bien
difícil y con poblaciones muy desfavorecidas.
El padre Alberto y su cocinero Chico nos cuidaron
y nos trataron como a reyes.
En Changara pudimos contemplar el eclipse
total de sol, 100%. Una buena sorpresa fue
que nos volvimos a encontrar con Marito y sus
hermanos que habían ido a ver y fotografiar el
eclipse.
En esta ocasión quedaron en el hospital Holga
y Pepe, que se encontrarían con el resto en Moatize,
cerca ya de la frontera con Malawi, en casa de
Mari Paz, Iluminada y Paco. Todos ellos son cooperantes
que cobraban sueldos mozambiqueños, o sea, menos
de 240 € al mes.
A los pocos días pudimos comprobar que el
salvoconducto funcionaba y entramos en Malawi.
Nos dieron tres días para llegar a Blantyre y
obtener allí el visado.
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FICHA
TECNICA: Filtros para el agua.
Sin ninguna duda, el elemento máás importante para l@s ciclistas. Beber mucho a lo largo de la pedalada, ingerir sopas y líquidos durante las comidas, llevar siempre agua extra en la burra. ¿Y como tratarla para que sea segura? Si vamos a cocinar con ella, la vamos a hervir durante un rato y eso la esteriliza. Este método lleva tiempo y combustible. Otra forma sería tratar el agua con pastillas potabilizadoras, lejía, iodina, nitrato de plata, hazidona, sales de aluminio... Hay un montón de productos para esterilizar el agua químicamente. Suelen llevar poco tiempo pero al final te metes el aditivo en el cuerpo, y para viajes largos no mola.
Lo mejor son los filtros cerámicos, que te purifican el agua de forma directa. El más indicado tendrá un poro de 1 micra (para retener bacterias) y con capacidad de unos 5.000 litros. Hay filtros de poro más pequeño (para virus), pero duran menos, se saturan antes, y hay que estar limpiándolos frecuentemente. Algunos modelos incluyen un pre-filtro con carbón activado para retener sustancias químicas y quitar sabores. La mayoría son de cartucho recambiable y el peso ronda los 250-500 gr, dependiendo de la capacidad y el flujo de filtrado. La marca Katadyn es la más reconocida. Otra buena sería Pura. A nosotros el filtro Sweetwater nos falló mucho y se saturaba muy pronto. Un invento muy, muy recomendable.
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