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La Entrada a Nepal
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Entré en Nepal por Kakarbita, su frontera más
oriental. Venía de Sikkim, en India. A pesar
de que Sikkim suponía un cambio con respecto a
la generalidad de India, más tranquilo el personal,
más campo, más montañas, más
remoto, llevaba el miedo de que si Nepal era igual de
agobiante que India, tendría que pensarme seriamente
lo de dejar este rollo de vuelta al mundo que me tenía
agotado, cansado psicológicamente y enfermo: amebas
típicas me estaban esculpiendo los intestinos y
almorranas excitadas por las picantísimas comidas,
también típicas. Los problemas, como
más tarde pude comprobar, solo tenían una
causa: India.
A pesar de esto, o precisamente por la rabia que me producía
esto mismo y las ganas que tenía de llegar a
un sitio donde poder DESCANSAR, logre batir el record
de 161 km en un día establecido por mí mismo,
subiéndolo a 165, en un día de una etapa
llana sin viento en contra, que a veces ocurre.
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Reparo mi máquina en la tienda de Sonam "Dawn
till Dusk", la única tienda de bicis y recambios
con el sistema occidental-japonés en muchos km
a la redonda. Se te cobra bien: es exclusividad. Hay
repuestos buenos y malos, pero todos ellos son, al menos,
un tercio más caros que en España, por ejemplo.
La tienda sirve también como lugar de encuentro
para ciclistas mundiales, como un servidor de ustedes.
El Reposo del Roncero.
(Ver Diario
de un subnormal o de un poeta en bicicleta)
Han sido casi cinco meses de estancia en Nepal, considerado
ya como uno de mis favoritos, lo máximo permitido
para un turista sencillo como yo. Raro ha sido el día
que no haya llovido al menos un poquito, la humedad
honga hasta las cajas herméticas. Las nubes cubren
todo y no te dejan ver las montañas. Ergo hay que
esperar.
Y no es un mal sitio para ello. Es un país
barato, muy barato y la gente es muy maja. El país
es, además, muy pero que muy bonito. Posee
casi todos los picos de más de ocho mil metros,
una sorprendente diversidad de razas, etnias y culturas,
que no existe en ninguno de sus países vecinos
y ofrece una infraestructura para el turismo como pocos
países del mundo, con una relación calidad/precio
excelente. Puedes disfrutar de un legado artístico,
histórico muy interesante y en su capital se puede
elegir desde la forma de vida más tradicional a
la más moderna de corte occidental.
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Esperar
a qué?.
A que pasen las lluvias torrenciales del monzón
para poder pasar al Tibet con garantías de
éxito. Para poder ver el paisaje y que
no te arrastren las riadas o los desprendimientos.
Para no estar todo el día empapado. Para
juntar un grupo de ciclistas y hacer así
más barato el asunto de los permisos de entrad
al Tibet.
Pero el reposo también tiene sus intermedios, como
no. Así pues, una primera visita a los Annapurnas
con Ana Rivero, venida desde Edimburgo para ver
unos cuantos picos de ocho mis metros y con Prem,
un nativo de Nepal. Fue un trekking de cinco días
cuyo punto culminante es Poon Hill, a unos 3400
m desde donde se pueden contemplar los Annapurnas
al completo. Tuvimos suerte y vimos, por partes,
toda esa cadena de montañas. También tuvimos la
gran oportunidad de ver sanguijuelas, a cientos,
que intentaban beberse tu sangre al menor descuido.
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En otro intermedio otra visita-acercamiento al macizo
montañoso. En esta ocasión en bici y con
nuevos compañeros: Marite, Miguel, Samu y Julio.
Alrededor de una semana de excursión que los llevó
hasta Beni, una de las puertas del Parque. Las lluvias
generalizadas nos impidieron seguir más adelante.
Se produce el segundo choque serio con las chupadoras
de sangre. Miguel, totalmente empapado, trajo consigo
un remedio que le regalo un paisano: unos manguitos de
tela rellenos de sal que te atas a las botas. Las sanguijuelas
no pasan por la sal porque mueren debido a la ósmosis.
Este remedio nos vendría muy bien más
adelante.
El último intermedio del descanso fue el trekking al
Lago Tilicho. Fueron 22 días de pateo, no siempre a buen
ritmo porque la altura hace estragos en nuestros cuerpos
serranos. Arriba en el lago a unos 5000 metros no hay
nadie. Estuvimos cuatro o cinco días oyendo y viendo las
avalanchas de nieve y piedras. Era sobrecogedor.
Los Permisos Especiales
para entrar en el Tibet.
En bici o sencillamente por tu cuenta está
prohibido. Has de contratar un tour en el que está
incluido el pago de un permiso especial. Pasarás
por determinados pueblos y no por otros, comerás
y dormirás en determinados sitios y no en otros.
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Las fórmulas para los ciclistas son básicamente
tres:
1- Hacértelo de ilegal. Entrar en China
sin que te sellen el pasaporte y recorrer todo el
Tibet y toda China sin que jamás te paren
ni te lo pidan. El pasaporte no te lo sellan
si no vas en un tour organizado.
2- Contratar, entre varios ciclistas un tour
para conseguir el permiso y hacerte la ruta en bici
seguido o siguiendo a un camión o cuatro
por cuatro. Todo es perfectamente legal porque
no te sales de los preceptos más arriba indicados.
Además cuanto más gente mas barato
sale.
3- Meter la bici en un autobús y hacer
los mil km entre Katmandú y Lhasa sin preocuparte
de nada más.
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El Ataque al Tibet.
Por fin llega Octubre, después de las lluvias
y hasta primeros de Noviembre es una época perfecta
para visitar esa región.
La primera fórmula, la más romántica,
ha sido contemplada desde hace mucho tiempo, años
quizás. Pero a medida que te vas acercando y conociendo
detalles y gente que lo ha intentado, terminas por descartarla.
El gran problema es la frontera, el sello de Inmigración.
Sin sello, en un país tan grande, con tantos controles,
es muy difícil de cruzar. Y ay de ti si ti pillan
de ilegal en China, te echan o te meten a la cárcel
como hacen a los africanos en España.
La segunda formula es un poco menos romántica
pero aún lo bastante: cruzas en bici todo el camino
hasta Lhasa. El problema es que a finales de Septiembre
empieza la Temporada Alta y los precios se hacen aún
más altos que la temporada. Además este
año han venido pocos ciclistas, por lo de la guerra
de Afganistán, por los maoístas de Nepal
y porque algunos países occidentales, como USA,
han recomendado a sus ciudadanos no viajar a Nepal, demostrando
una vez su negligencia en política internacional.
El caso es que sólo estamos cuatro para compartir los
gastos del viaje. Malcolm y Chris de Nueva Zelanda, Amelia
de Alaska y un servidor de ustedes. Miguel y Samu, que
en principio contemplaban hacer el viaje con nosotros,
no pueden ni quieren afrontar el precio, que ha subido
de 260 dólares americanos en Junio a 625 en Octubre.
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La tercera fórmula no tiene nada de romántica.
Montas la bici en un autobús y te vas en
cinco días hasta Lhasa. Cuesta 130 dólares,
por ser españoles y grandes regateadores.
No encuentras nada más barato. Esta es la
fórmula que escogimos Samu, Miguel y yo mismo.
Con este escaso bagaje romántico-aventurero
a cuestas pero con el bolsillo y el alma gallardos
(ahorrarse 500 dólares también tiene
su lirismo) el 12 de Octubre del 2002 entramos
en China, de sobra contentos por haber estado
celebrando el tercer cumpleaños del viaje
de los bicicletos con nuestros amigos Walter "Le
president", Don Ricardo, Lilian, Matias, Jazmine
y El Gran Antonio Alegre. Que me sepan perdonar
si me dejo alguno. Ea!!
Ya encontraremos la ocasión de romantizar y emocionar
esta prosaica entrada al Tibet. Pero eso es otra
pagina del cómic.
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