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Inmersos en una riada de bicis y motos nos encontramos
a Luis, que nos va presentando a toda la tripulación
de la Oficina: Felix, Jordi, Inés, Elena. Nos llevan
y traen, nos enseñan la ciudad, por el día
y por la noche, como no. Nos invitan a beber, a comer,
a beber otra vez (hics!). Conocemos a Nha y Pascual, ella
local y él de Castellón. El patrocinio continua
y estos nos pagan un reconstituyente masaje vietnamita
"profesional". Nha nos enseña a comer huevos con
pollito dentro. En la ciudad hay una muestra de cine
español. Como en casa. Tras descansar unos
días en "ambiente nacional", salimos camino al
norte. Despedida en la Oficina Comercial, últimos
achuchones hispanos y vuelta a las calles y carreteras
infectadas de ciclos.
Las Central Highlands.
Nos desviamos de la infernal Carretera Nacional 1
y vamos rumbo a Dalat. Un chaparrón nos sorprende
y nos refugiamos en un bar, como siempre. Buen rollo y
nos quedamos a pasar la noche allí. De lujo. Cenamos
aguacates, guanábanas, sandía, rambutanes.
Parece que la cosa va a ser fácil en Vietnam. La
carretera gana metros poco a poco, vemos los primeros
bosques de caucho, y antes de llegar a Lo Bac escalamos
el primer puerto serio. Allí vamos al templo
budista y las cosas se complican. Los monjes no pueden
dar cobijo a extranjeros. Toda visita debe ser registrada
en la policía que, inmediatamente, invita al visitante
al hotel más cercano. Parece que la cosa NO va
a ser fácil en Vietnam. En medio de un área
de marcado fervor budista, en este pais es raro ver monjes.
Quizás la República Socialista de Vietnam
no los promociona mucho. Por otro lado, da gusto que nadie
te pregunte tu religión. Si el que pregunta
eres tu, normalmente te contestan tranquilos que no creen
en Dios. Otra "peculiaridad" de Vietnam.
Los bicicletos argucian otra estrategia. Hoy comienza
el mundial de futbol. Así que nos buscamos un buen
bar, amplio, con espacio para bicicletas y vistas al mar,
y nos acomodamos dispuestos a disfrutar del evento deportivo:
hoy Francia-Senegal. Lo que se trata es de ir congeniando
con los dueños y un vez finalizado el encuentro,
pagamos religiosamente y le preguntamos "Chung toi
co the nha tro day?", que quiere decir que si podemos
pasar la noche aquí. Funcionó 9 de cada
10 intentos, y cambiamos los templos por bares, que
no esta nada mal.
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Las colinas se suceden, bosques y plantaciones.
En Vietnam hacen pan y por el día vamos
de bocatas. Algo dejaron los gabatxos. Antes
de llegar a Dalat nos desviamos hacia Buon Ma Tuot,
la capital de la zona cafetera de Vietnam, que es
nada menos que el segundo exportador mundial de
café. Juli se derrite y se aprieta una
media de 4 al día. Una tarde llegamos a un
pueblo y los paisas flipan con nosotros. Nos llevan
a su casa, nos ponen de cenar, de dormir, la tele
con el mundial. Resulta que sus chicas están
de visita y ellos de Rodriguez. Feliz encuentro.
De despedida nos regalan un libro de poemas de Ho
Chi Minh. Muchas gracias, xin loi.
La cosa se pone dura. Los puertos se hacen más
largos, el asfalto desaparece, pero la zona es perfecta
para rodarla en bici. Están arreglando
la carretera y paramos en un campamento de peones
camineros. Nos invitan a comer, a fumar, a beber,
a echar pulsos, a acostarnos con la cocinera. Buena
gente, educada y culta. Para de llover y seguimos.
Más y más plantaciones de café.
En Buon Ma Tuot parada y descanso. Nos alojamos
por primera vez en un hotel para turistas. Por 3-5
USD por una habitación doble se duerme
en hoteles bastante decentes y limpios. Algunos
incluso con agua caliente.
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El Ho Chi Minh Trail.
La carretera nacional 6 discurre paralela a la frontera
con Laos, más o menos a lo largo del camino Ho
Chi Minh. Esta ruta mítica para los vietnamitas
era la que utilizaba el Viet Cong para sus movimientos
desde el norte hasta el mismito Saigon. Nosotros pedaleamos
por ella, que además es por donde están
las montañas. Un día, durante la telesesión
futbolera de rigor, un policía que chapurreaba
algo de inglés nos entra. Cuando le toca preguntar
donde dormimos le respondemos que en cualquier lado, por
aquí por allá. Así que decide
que esa noche mejor la pasemos en las oficinas del Ayuntamiento.
Al acabarse el partido nos llevan a la casa consistorial
y nos acostamos rodeados de nuestros "amigos policías".
Pero esa noche, como a las 11:30 pm, el Sr. Concejal Delegado
Secretario del Partido nos despierta y nos comunica que
allí no podemos dormir y que él nos lleva
amablemente en su utilitario al próximo pueblo
donde hubiera hotel. Imaginaros el humor con el que salimos
de debajo de la mosquitera y el careto que se gastaba
el burrocrata de pacotilla, defensor de la normativa vigente
incluso a medianoche. Bronca en ingles-español-viet.
El pájaro no cede, sólo sabe decir "Is not
allowed". Nosotros nos negamos al traslado. Quieren meter
las dos bicis y las alforjas en una especie de Simca 1000
de bolsillo. Asi que les mandamos a la mierda y decidimos
poner la tienda allí mismo. Un chavalote que habla
inglés intercede y convence a la nomenklatura.
Al final, volvemos a acostarnos con nuestros colegas polis.
Vietnam y sus sinsabores.
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Pero una de arena, y ahora la cal. Al día
siguiente dos lindas muchachas que viajan en moto
le tiran los trastos a Juli durante una buena kilometrada.
Una de ellas se ha quedado prendida de su fiero
perfil de ciclista universal. Que donde vais a pasar
la noche, que veniros a casa, que nosotras os acompañamos.
Jesús que compromiso. Si no fuera por que
la que le toca a Josetxu es de 17. Y no precisamente
porque sea fea, pero aquí fijo que es ilegal
y los campos de concentración vietnamitas
no entran en nuestros planes vacacionales. Quedamos
con ellas en que las llamamos y nos vamos por la
sordi.
La ruta se convierte en una pista de barro y
los pasos más altos están ocupados
por caterpillar y bulldozer en acción. Para
colmo, llueve. Las burras se atascan en el barro
y hay que empujarlas y limpiarlas a cada rato. Poco
a poco llegamos arriba. La verdad es que la zona
es una pasada a pesar del día. Cuesta
abajo se abre el cielo, hay solete, y en el valle
nos espera el bar de turno, con su tele y el mundial.
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Hoi An y Hue.
Dejamos las tierras altas y descendemos rumbo a la
costa, a las ciudades antiguas de Hoi An y Hue. Tiempo
para el turismo. Se acaba la pista y llega el asfalto
y la demoníaca nacional 1. Algunos ruteros incluso
recomiendan esta carretera, pues en Vietnam mucha gente
se mueve en bici y los conductores controlan bastante.
Además, la nacional 1 tiene un buen arcén.
Pero claro, es LA carretera del pais, la que une norte
y sur, Hanoi y Saigon, y todo y tod@s circulan por ella.
Algunos tramos son muy bonitos, pero en general no
se la recomendamos a nadie.
Hoi An es una coqueta ciudad a orillas de un río,
rodeada de arrozales, en donde aún se pueden apreciar
los vestigios de las distintas comunidades chinas que
se asentaron en Vietnam hace más de 200 años.
Patrimonio de la Humanidad, su centro histórico
es una delicia para pasear. En su inmenso mercado
puedes pasar horas y horas viendo de todo y regateando
con las incisivas campesinas. Descansamos un par de días,
rulamos por los alrededores y comimos muchos helados.
Un día nos movimos a ver las ruinas champa de My
Son, civilización india que se asentó aquí
entre los siglos IV y XIII. Bonito.
Seguimos ruta hacia el norte. Antes de llegar
a la ciudad de Danang pasamos las formaciones de mármol
y China Beach, donde los pilotos americanos se relajaban
entre bombardeo y bombardeo. Danang, la tercera ciudad
del pais, se encuentra en el borde sur de una bonita bahía.
Allí encontramos una tienda de bicicletas eléctricas!
Un aparato de 50 kg con batería y autonomía
para unos 40 kms sin pedalear. Buen invento.
Dejamos Danang y escalamos las laderas del Hoi Van
Pass, un clásico para todo ciclista que rula por
Vietnam. Vistas auténticas, subida suave y
contínua de 15 kms, con descenso orgásmico
al otro lado, mientras atardece sobre el marrrrrr… First
class. Siguen los interminables arrozales hasta la
antigua capital imperial de Hue. Visitamos la ciudad
amurallada. El domingo vamos a una playa invadida de citadinos
y domingueros, que se bañan completamente vestidos
(sin calcetines) y van corriendo a refugiarse a uno de
los miles de chiringuitos donde nosotros sudamos tinta
viendo los octavos de final entre Irlanda-España.
Nos vamos a Laos.
Con los cuartos de final en la mano partimos de Hue
rumbo a Lao Bao, la frontera con Laos, en las montañas.
Entramos en la infame "zona desmilitarizada", que
fue donde se coció el frente más activo
de la guerra de Vietnam, con más de 60 operaciones
al día por parte de los perdedores. Algunos montes
aún estan pelados. El gobierno promociona el área
como "zona de desarrollo especial". A saber que es eso.
La última noche en Vietnam no se nos dió muy bien. Nos
dan boleto en dos bares. Pero un chavalín nos lleva a
su casa, donde pasamos la noche. A la mañana siguiente,
la víbora de su madre se pone plasta pidiéndonos dinero,
y no poco. El chaval no sabe donde meterse de vergüenza.
Soltamos la mosca y la madre insiste en que aquello era
un hotel de cinco estrellas. Bueno, vale, nos vamos de
aquí. Una última subida y llegamos a Lao Bao. Las temibles
cambistas de la frontera no nos tangan mucho. Ya nos vamos
conociendo. Son ya varios paises en los pedales.
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FICHA TECNICA:
El visado de Vietnam.
Si cuando llegues al sudese
asiático lo haces por Bangkok, no pierdas
el tiempo en la Embajada de Vietnam de esta ciudad
para hacerte la visa. Lleva cuatro días.
Quizás vengas en bici, o no, y para llegar
a Vietnam pasarás por Camboya. En este país
tienes dos consulados para hacerte la visa en menos
de una hora: Phnom Penh y Sihanoukville. La
otra opción atravesará Laos, y aquí
también tienes dos posibilidades: en Vientiane
y en Savannakhet. La cosa es evitar el papeleo
de Bangkok.
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