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Es un pais pobre (en 1987 el 75% de su presupuesto
era ayuda internacional), muy bonito y con sus curiosidades:
los productos de importación no pagan tasas (Laos
produce muy poquitas cosas más que madera, piñas y opio),
y las relaciones sexuales con los extranjeros están prohibidas.
Como en Vietnam, y debido a la influencia francesa, también
se pueden encontrar bocatas. Laos, que significa algo
así como "la tierra de los 1000 elefantes", tiene la población
de paquidermos casi extinguida.
Entrando de lao!.
Al entrar desde Vietnam la cosa cambia drásticamente:
se acaba el asfalto y aparece una pista en obras. El gobierno
vietnamita está construyendo la nueva carretera. Son unos
250 kms de bosques y arrozales, colinas y polvo que
levantan los camiones que trabajan en la carretera, y
los que sacan toneladas de madera del país. Algunos
camiones son los despojos de la guerra de Indochina pero
aún están funcionando.
La primera noche fue muy feliz. Después del
oscurantismo vietnamita, aquí se puede volver a
dormir en lo templos budistas. Chachi. En el primero
un monje ya talludito chapurrea francés y canta
letanías para regocijo del modesto público:
cuatro novicios imberbes, dos guiris en bicicleta y algún
que otro paisano. A este lado de las montañas
llueve más y pedaleamos a ratos. Un día
nos comimos un delicioso estofado de lagarto, pero otro
no acertamos, y nos tuvimos que desayunar unos buñuelos
grasientos y pétreos.
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Pako de Vallekas.
No fue muy difícil encontrarnos. Pako llegaba
con su flamante bicicleta nuevecita. Dispuesto a comer
kms. Pero antes un buena jalufada con chorizo y lomo de
la tierra. Y más sabor de casa: cartas de colegas,
recuerdos, historias, saludos. Qué gustito
encontarse con un paisano que comparte barrio, colegas
y devoción bicicletera. A Pako le visitarán
su novia y unos colegas el 9 de Agosto, en Bangkok, para
pasar unos días por Tailandia. Así que sólo
tenemos 7 semanas de ruta por delante. Además Pako
se ha traído una videocámara digital que
nos viene al pelo para seguir grabando esta gesta deportiva
sin precedentes en la Historia. Ahi es ná!
Los dos primeros días con Pako son suavones, para
calentar las nalgas y entrar en materia. Llegamos a
Vientiane, una pequeña capital donde gracias
a un colega que hicimos en Mali podemos conocer a Jean-Louis
y su familia. Al final resulta que Jean-Louis también
conoce a la gente de PAT. Otra de Aldea Global. Tienen
un spa de lujo y nos alojan en la zona VIP. Nos llevan
a visitar el lago Ang Nam Ngum, el zoo, las minas de sal,
paseítos en bici por aquí y por allá.
Una pasada de anfitriones. Merci beaucoup a la familia
Couderc. Un día conocimos a Roig, un catalán
afincado en Laos y que regenta un restaurante muy pocholo
en el que se puede disfrutar de una megapantalla de vídeo
y un delicioso café irlandés. Como en la
ciudad no hay cines, podeis imaginaros como estaba el
sitio. A pesar del breve encuentro con Roig, que por su
fisionomía nos recuerda mucho al hermano mayor
de Martin Feldman, éste nos "patrocina" unas latas
de conserva Cuca para seguir pedaleando. Gracias compi.
Vientiane - Luang Prabang.
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Salimos de Vientiane camino a Luang Prabang,
por la que se está convirtiendo en la ruta
clásica de Laos para los cicloturistas. Un
poco más de 300 deliciosos kms separan estas
dos ciudades. La carretera atraviesa el macizo calcáreo
más grande de Asia, con ascensiones de más
de 15 kms y sus vertiginosos correspondientes descensos.
Prácticamente sin tráfico, con
paisajes totales, un rutón vamos. La cosa
empieza suave, con llanitos y alguna subida corta
hasta Van Vieng. Paramos a visitar la cooperativa
que produce papel de mulberry, un árbol típico
de estas latitudes y del que se extrae una fibra
con la que producen papel y toda una colección
de productos de artesanía. Nosotros nos compramos
un monedero tejido con papel, muy mono, para llevar
el fondo.
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En Van Vieng ya estas rodeado de escarpes calizos,
cascadas, bosques, cuevas y cursos de agua. Llueve y llueve
pero el asfalto es reciente. 11 kms antes de Kasi hacemos
noche en un aldea sin electricidad. El templo es cuidado
por un anciano monje y un novicio que flipan con nuestra
llegada. Esa noche una familia nos invita a cenar. Son
las pequeñas grandes satisfacciones del viaje en
bici.
Al día siguiente toca una buena paliza. Tras
Kasi hay un desayuno de 14 kms de subida con algún
tramo de carretera en obras por desprendimientos. Llegamos
a un pueblo donde tomamos un refrigerio y continuamos
15 kms de rampas contínuas a lo largo de un espolón
desde el que se va viendo alejarse el valle. Plato
chico, manos al manillar y a meter riñones. Durante
la ascensión nos cruzamos con varios paisanos que
se pasean con su AK-47. Hacemos noche arriba, en Muang
Phu Khun.
Quedan 130 kms con 50 de subidas y otros 50 de bajadas.
El día siguiente es espectacular. Un descenso de
más de 20 kms nos lleva a un puente en el que vemos
aparecer a dos en dirección opuesta. Son dos chicas,
inglesa y australiana, que vienen de Luang Prabang. A
todos nos quedan cuestas que remontar y una tormenta se
está preparando sobre nuestras cabezas. Al final
ellas se llevaron el chaparrón a su lado. Entre
chubasco y chubasco llegamos a Luang Prabang, cansados
y empapados pero contentos de ver de nuevo al río
Mekong.
Luang Prabang.
Esta linda ciudad, que es Patrimonio de la Humanidad,
descansa a orillas del Mekong y abrazada por el río
Nam Khan. Con una colina en medio y docenas de templos
budistas, esta antigua capital del reino Lan Xang es
uno de los lugares más bonitos que hemos visto
en este sudeste. Al menos es un sitio tranquilo, ideal
para los amantes de la bicicleta, el trekking, las travesías
por ríos. El primer día estuvo aderezado
de felices encuentros. En el hotel de en frente se alojan
Teo de Cai y Mario de Madrí, solteros y residentes
en London, y que conocen a nada menos que al famoso Pablo
Moreo de Jodar, alias Carademono, un bicicleto actualmente
en reserva. Por allí también nos encontramos
a un italiano con el que compartimos lodge en Mamallapuram
(India), unos cinco meses antes. El mundo, un pañuelo.
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Relax, paseítos en bici a las cascadas
de Kuang Si, masajito, saunita con hierbas (risa
total), tremenda borrachera a base del hipertóxico
lao-lao,un aguardiente intragable. En esa noche
nació la expresión "de lao!" gracias
al humor etílico de Teo. Pasear por Luang
Prabang es una gozada. Te gusten o no los templos
impresionan. La ciudad es un cajón de sorpresas.
Como ya hemos comentado alguna vez, la arquitectura
de toda la región se caracteriza por construir
las casas elevadas sobre pilares de madera, con
el fin de evitar la humedad y las crecidas en la
época de lluvias. Una familia de Luang Prabang,
con claras visiones futuristas, ha montado una pista
de patinaje en la planta baja de su casa, donde
a ritmo de música bakalao el hijo nos muestra
su pericia para evitar las 27 columnas que jalonan
la pista! Al lado han hecho una pista adjunta pero
ahora es la estación monzónica y claro,
a nadie le apetece patinar en un charco. Surrealismos
de lao!
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Saliendo de lao!.
A Juli ya le quedan menos días. El 22 de Julio
se embarcará en avión de vuelta a Madrid.
Le va a ayudar a Maxi a montar otra de sus películas…
Así que decidimos acabar el itinerario por Laos
usando el transporte más chulo del pais: el "fastest
slow ferry", que en dos días te lleva de Luang
Prabang a Huay Xai, en la frontera con Tailandia. Es tiempo
de monzones y el río Mekong está crecido,
con turbulencias y corrientes fuertes. La embarcación
se mueve lentamente aguas arriba. De vez en cuando un
atronador eco anuncia algún speedboat, que van
a toda caña sobre las aguas, con 8 pasajeros y
una proporción de accidentes muy considerable.
El ferry para y hacemos noche en Pakbeng. Es zona productora
de amapola y aquí es muy fácil conseguir.
Así que aderezamos el "viaje" por el Mekong. Llegamos
a Huay Xai y corriendo cruzamos a la otra orilla con la
última barca. Ya estamos en Tailandia pero
la aduana está cerrada. No estamal, primer día
"gratis".
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FICHA TECNICA:
Los libros de frases.
Los "phrasebook" que algunas
editoriales de literatura para viajeros publican
son más que recomendables en esta región.
La cosa es que son lenguas tonales y muy distintas
a la nuestra. En el librito vienen escritas las
frases y palabras más útiles para
el viajero, con ortografía románica
y local, y con unas notas muy básicas para
su pronunciación. Son un punto. Además,
a los locales les hace mucha gracia y te ayudan
mucho a acercarte a la gente. En áfrica
subsahariana hay más de 1000 lenguas distintas,
y en India más de 500. Normalmente te
mueves con los idiomas de las ex-metrópolis
(inglés, francés, portugués,
castellano). Pero en el sudeste asiático
poca gente habla otra lengua que no sea de allí.
En las zonas rurales nadie o casi nadie. Tienes
que relacionarte con personas que hayan pasado por
la Universidad para entablar una conversación,
o relacionarte sólo con las personas que
trabajan con los turistas, que no esta mal, pero
limita mucho.
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