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TIBET II. Segundas Partes fueron mejores.

Tanto Miguel como Samu compraron sus bicis en Lhasa, la capital del Tibet. Había dos modelos de bicis chinas de montaña: las malas como la de Samu y las muy malas como la del coco, que le costó 50 euros con complementos y todo. Pero claro para un mes que pensaban utilizarlas tampoco era cuestión de gastarse mucha pasta y no había más opciones que esas. Existían las de paseo, pero esas estaban descartadas de antemano. Pensábamos que la bicicleta no iba a aguantar un mes. Pero no hicimos ninguna apuesta.

A pesar de que el tiempo apremiaba, porque el invierno empieza a finales de octubre, había que probar esas máquinas, haciendo una ruta circular para volver a Lhasa por repuestos, arreglos, etc. También teníamos que poner a prueba nuestros cuerpos serranos en esas alturas, en esos fríos.

LAGO NAMTSO: Zona libre.

El Lago Namtso, situado a unos 250 km al noroeste de Lhasa con un paso de algo menos de 5200 m reunía las condiciones adecuadas. Es el segundo mayor lago salado de la China, 70x30 km, a 4700 m sobre el nivel del mar., uno de los lugares más bonitos del planeta. Y no hace falta sacarse un permiso especial para ir allí.

Amplios valles rodeados de montañas nos acompañan desde la capital. Vamos ganando altura y perdiendo el resuello al mismo tiempo. Al cuarto día llegamos al puerto que nos separa del lago. Allí se produce la primera rotura de la bici de Miguel, los piñones mueren de golpe, no hay posibilidad de arreglo, hay que cambiarlos. Pero no es el único que tiene que empujar la bici para coronar, también Samu y un servidor hemos de hacerlo. Nos falta el aire.

Esa noche dormimos en la tienda de unos nómadas, el primer sitio habitado después de cruzar el puerto. Se formó hielo entre la funda de vivac y el saco. A pesar de eso, y de que viven a cinco mil metros de altura y creen en el Dalai Lama y sus condiciones de vida... hubo que pagarles en dinero chino, y no poco.

Mientras Coco iba y venía de Damsung de arreglar su bici, intentamos alquilar unos caballos a los tibetanos del lugar, Samu me enseñaría a montar uno de aquellos animales. Dos días de negociaciones. Resultado: no hay caballos. Aunque los estuvieras viendo todo el rato.

Bici arreglada nos presentamos en el pueblito del Lago Namtso. Impresionante. Pronto se acabarían este tipo de epítetos así que los utilizaré con moderación. Sólo quedaban cinco personas en el pueblo, tres señoras que regentan una especie de zahurda para marranos grandes a la que llaman hotel y que cuesta un pastón. Por supuesto ni ducha ni toilet: los marranos no la necesitan, dilucidamos. Al final encontramos nuestro sitio en casa de Khinkho y su cuñado que andaba por allí. Todos a punto de irse con los demás que ya se han ido con los yaks, las cabras y los caballos.

 

Un día después aparecieron más turistas, éstos en coche, y con ellos en casa de nuestro fenomenal anfitrión compartimos una agradable cena. Fue esa agradabilidad la que me abrió las puertas del coche al día siguiente para llegar a Damxung y conseguir un transporte para recoger a mis compañeros de la nevada que estaba cayendo, aunque luego no hizo falta porque otros turistas los llevaron. El invierno tibetano había llegado el 1 de noviembre a esos parajes, y de que manera. Sólo se veía blanco, todo tu campo de visión es blanco. Blanco.

Escapamos de allí por los pelos, con los coches de los últimos turistas de la temporada. Una vez más los turistas salvan a los bicicletos de situaciones difíciles, acordaros de Namibia.

Resultado de la prueba:

  • Samu abandona. Son muchos años sin coger la bici y el Tibet no es el mejor sitio donde recomenzar. Hay muy poco oxígeno en el aire.
  • La bici de Miguel es una mierda. Desde su primera rotura en el cuarto día no pasó ni un sólo día sin que se le rompiera algo. Hubo que hacer importantes reparaciones en Lhasa.
  • Hay que comprarse una manta y un termo.
  • Obligación de aligerar equipaje al máximo. Miguel se envía cosas a Hong Kong desde donde volverá a España el día 8 de diciembre próximo. Me mando a mi mismo 12 kg de cosas varias a Kunming, la capital de Yunnam, al otro lado del Tibet. Zona libre también.
  • Hay que pirarse cuanto antes que ya han empezado las nieves y hay siete puertos de más de cuatro mil, uno es de algo más de cinco mil, metros. Posiblemente alguno de ellos, si no todos, estarán nevados. El frío es superior.

LHASA-DEQIN (Lease dechin). Más o menos 1500 km. 22 días.
LOS OCHO ELEMENTOS .

Sólo hay ocho factores que hacen del Tibet uno de los lugares más difíciles del mundo para pedalear. Sin embargo y también por eso, uno de los más atractivos, uno de los que más adictos tiene. Por supuesto que podrían haber otros como accidentes, averías gordas. Los que voy a contar aquí son específicos de esta región. Cuando salimos el 8 de noviembre de Lhasa hacia el este teníamos algo de prisa y bastante frío. Pero sobre todo estábamos cagados de miedo porque sabíamos que cualquiera de estos elementos tomados de uno en uno o en combinaciones podían acabar con nuestro viaje, incluso con nuestra estancia en China.

Salimos pitando por valles inmensos. La ligera subida te permite rodar bien por el asfalto que nos acompañara hasta Bayi-Nyinchi. El tercer día un puerto de 4800 metros. La altura, el primero de los ocho, se hace notar. A pesar de que las rampas no son pronunciadas, te falta el aire, te faltan fuerzas. Ya en Lhasa, a 3700 m, tenía problemas con el sueño, ligeras taquicardias y dolores de tarro. Al coco parece que no le afecta y tira como un fenómeno.

 

El truco para no sufrir demasiado en altura es acercarse lo más posible al paso sin empezar a subirlo, hacer noche en la ultima población o acampar. De esta manera pasas el puerto y te da tiempo aún de perder mucha altura en un sólo día. El mal de altura es cosa seria amigo.

A la bajada una umbría de unos diez km. El frío estaba allí esperándonos. Sin embargo, el día de más frío de nuestras vidas fue bajando hacia Bamda después de haber pasado el que dicen que es el puerto más duro viniendo de Lhasa, con 4839 m. El valle era un congelador de muchas estrellas, por no decir otra cosa. Dos pares de guantes y manoplas, tres pares de calcetines de fibra térmica y botas de goretex. Na de na!!. Nos helábamos. Y encima no podíamos ir muy deprisa porque había una buena capa de hielo y se nos estaba haciendo de noche. Eso si el pueblo es más bien feo, ahora, el paraje es absolutamente espectacular. Aquí tenemos pues al segundo: el frío. Tenemos constancia de haber estado a menos 17 grados y aún nos quedaba lo peor.

El truco. Evitar dormir en las zonas más altas. Buscar cobijo en casas y pueblos, todas las casas tienen una estufa-cocina que es una maravilla. Si acampas conviene poner una manta encima de la funda de vivac. Tener siempre preparado un termo con agua caliente, muy fácil de conseguir en cualquier casa. Hacer fuego esta permitido. Ocupar una casa abandonada, a las que llamamos yonis, es una buena opción. Alguno de ellos en sitios asombrosamente bellos.

El cuarto día amanece que no es poco. Mala noche de dolor de cabeza e insomnio provocados por la altura y por unos soplavelas de camioneros que compartían el salón con nosotros y que no paraban de gritar. Pensamientos de exterminio. Aspirinas. Todo bajo control.

Por lo menos es bajada. El sol esta pegando desde temprano pero las manos y los pies están helados. Seguimos bajando. Hay un cuartel a la izquierda, los soldados o policías están en la puerta, miro de reojo (será uno de esos famosos checkpoints?). De pronto sin que me haya dado cuenta, un perro enorme como "amastinao" está intentando morderme, el primer ladrido al lado de mi pie izquierdo me ha asustado un montón. Empiezo a lanzarle coces intentando no salirme de la carretera. En uno de los ataques del animal le alcanzo un taconazo en todo el hocico, con el frío que hace!. Se retira relamiéndose. Va a estudiar otra estrategia, ésta le ha jodido. Miguel viene detrás pero el perro lo ignora. Días más tarde el coco reproducirá exactamente la misma operación taconazo. Su perro tampoco había estudiado bien el croquis.

Tercer elemento: los perros. Teníamos noticias de manadas de perros que se acercan a la tienda de campaña. Nuestra suerte nos ha impedido esta terrorífica experiencia y siempre nos han atacado de uno en uno.

El truco. Antonio Alegre, ciclista madrileño y mundial, nos recomendó llevar ondas, las que utilizan los tibetanos/as. Casi todos/as ellos/as llevan una al cinto. Pero cuando estas en la bici es poco práctico, eso sirve para cuando estás acampado. Los perros reconocen el chasquido de la honda y no se acercan. No saben, ni deben de saber que no tienes puntería. Si estás pedaleando lo mejor es llevar un palo a mano, es decir, que lo puedas sacar rápidamente y mostrarlo amenazante. A nosotros nos ha funcionado bastante bien, los perros no se arriman. Lo que ocurre es que es fácil de dejárselo en cualquier parada y por eso se nos han acercado tanto esas veces.

Seguimos para adelante, pasamos Gompo-Gyanda de noche, al día siguiente en una bajada, unos ripios orondos del tamaño de dos puños juntos pasan por encima de nuestra cabezas. Lucky men. Terros a una muerte ridícula ( como los que mueren de un cocotazo en la playa tropical). Otro día un piedrolo con forma de rueda, grande como un balón de fútbol, saltó a la carretera y la atravesó delante de nuestras atónitas miradas.

Este es pues el cuarto elemento: los desprendimientos de rocas, muy frecuentes y muy peligrosos. A veces te encuentras que la carretera ha desaparecido, bien porque se la llevó un río, bien por estar sepultada por una montaña de rocas. El truco es estar bien atento a la parte de donde te pueden caer, un ojo en la carretera y el otro a la pendiente y aun así, tener suerte es fundamental.

Atravesamos Bayi-Nyinchi, separados por 19 km., también de noche. El control más peligroso de toda la ruta. Hay asfalto y se rueda muy bien. Por primera vez no hace bajo cero y la tienda no está helada. La razón es muy sencilla: está lloviendo. Pero es un lluvia muy fina que resulta incluso casi agradable. Después de pasar Nyinchi tenemos una gran sensación de victoria, más tarde explicaré por qué. Comienza un puerto terrible porque se acaba el asfalto. Hay obras y un poco de barro. Nos desayunamos champa ( harina de cebada con mantequilla de yak ) y cha (té salado con mantequilla de yak) con una familia de tibetanos que alucinan con nuestras pintas y sobre todo con nuestra cámara de vídeo.

Retomamos la subida. Nos encontramos zonas de barro que se pasan más o menos fácilmente. Más arriba hay hielo y empezamos a patinar, mal asunto... Pero empieza a nevar ligeramente, lo cual hace que se forme una capa de nieve sobre el hielo, lo suficientemente grande como para que nuestras ruedas agarren y lo suficientemente fina como para que no se hundan ni se atasquen. De esta manera, horas más tarde llegaríamos al puerto. Así nos haríamos otro más.

A la bajada unos 15 km. de lodazal, es bajada bastante pronunciada, por eso no nos quedamos atascados, sin embargo si nos encontramos camiones atrancados en el barro en sentido opuesto.

Ya tenemos el quinto y sexto elemento. Por un lado las pistas y por otro la nieve y el hielo tomados como uno. Un barrizal puede detenerte y obligarte a dar la vuelta o hacerte esperar varios días. Esto último, dependiendo de donde estés, puede ser posible o no: hay zonas del Tibet, las más altas, que se despueblan durante el invierno, el lago Namtso por ejemplo, o el pueblo recién abandonado, donde pasamos una de nuestras mejores noches, después de cruzar el último gran puerto de la ruta.

De la nieve y el hielo no hacen falta muchos comentarios. Excepto que por una vez, su alianza nos vino pero que muy bien.

El truco. Para el barro no lo conozco, más de una vez, nos hemos quedado atascados. Si no estás en una bajada muy pronunciada no hay tu tía. Para el hielo dicen que hay ruedas especiales con pinchos. Yo aún no las he visto, pero no me voy a quedar con las ganas. Por lo demás, la cosa es que estés en esa parte de la ruta en el momento adecuado.

A partir de Nyinchi, la carretera oscila entre mala y muy mala. Aunque esto está cambiando muy deprisa porque hay miles de trabajadores y todo tipo de maquinaria construyendo una carretera nueva, una verdadera obra de titanes, te encuentras con tramos infernales, piedras, polvo, camiones, máquinas.

Ya en el este, después de haber pasado tantas fatigas resulta que aún te quedan una pocas más. Los niños te tiran piedras cuando vas con el resuello y el corazón a tope de vueltas, subiendo un puertaco, tan deprisa como andando, eres presa fácil. Una buena pedrada. No es en el único sitio donde nos han tirado piedras, también en Marruecos, Mauritania, Kenya...

Truco: En una de esas, salí corriendo desandando la cuesta con la bici detrás de los "agresores". La altura y sus anexos: taquicardia brutal. Parece que me va a explotar el corazón, pero ya estoy lanzado, los voy a pillar. Suelto la bici, me subo un terraplén, al primero lo engancho a la carrera, zas! colleja! y sigo a por el otro, el grande. Se mete en un corral. Es la escuela en la hora del recreo, un millón de chiquillos despavoridos cuando me ven entrar corriendo. Sigo a mi objetivo, el corazón me va a estallar en mil pedazos. Se para delante del maestro. Le meto dos collejas, me agacho, cojo una piedra y le explico al profesor en español lo que ha pasado. El maestro, como ha estudiado, comprende la situación. Le meto otras dos collejas, no al maestro, al niño y me piro. Tampoco es cuestión de ensañarse con un niño. El pueblo entero ha visto la película. Pienso que hoy es el día en que se abra esa puerta. Nadie dice ni mu. Mejor, mucho mejor. Recupero pulsaciones lentamente. Dos filas de niños de todas las edades, una a cada lado de la carretera. Serios, muy serios. La lección del día: no tires piedras a los guiris, aunque vayan en bici.

OCTAVO ELEMENTO: LA GUINDA
"A la complicación le ha surgido una complicación" Brazil. Terry Gilliam

Como todo buen pastel, este también ha de tener su guinda que lo adorne, que redondee la faena. En nuestro caso es que la ruta Lhasa-Deqin esta prohibida para extranjeros, a no ser que contrates, bla, bla, bla, véase la primera parte del Tibet o Nepal.

A lo largo de la ruta nos encontramos con dos tipos de controles de la policía. Siguiendo el criterio de Antonio Alegre, los peligrosos con un asterisco y los muy peligrosos con dos.

Entre los primeros contamos con las poblaciones de Gompo-Gyanda, Bomi y Zogang. Entre los segundos Bayi-Nyinchi, separados por 19 km. pero se hacen en la misma tacada, Markam y por ultimo Yunying, también dos controles separados por cuatro km. que se hacen como uno.

La diferencia es que en los primeros puedes parar, comprar, descansar un poquito, tomar algo. Pero jamás debes quedarte a dormir porque se presenta la policía en el hotel y te manda fuera del Tibet. En los muy peligrosos, o de dos asteriscos, no puedes ni siquiera, ser visto. Has de cruzarlos de noche. Verdaderamente es muy emocionante levantarse varias horas antes del alba, recoger todo a muchos grados bajo cero. Tomarse un vaso de leche calentito y unas galletas y al camino, encendiendo la linterna lo justo. El gusto que te da cuando te saltas un control no tiene nombre. Sobre todo el último, el de Yunying cuando ya entras en Yunnam que es zona libre.

Lo que te juegas no es moco de pavo. Conozco un caso al que le salió la broma por casi cinco mil (5000) dólares americanos, hace ya unos cuantos años, por saltarse un control a plena luz del día, con el guardia a la vista. Varios días más tarde cuando ya creía que todo había pasado lo pillaron en un hotel y le montaron una buena. Multas de 600 dólares son normales. A lo que tienes que añadir el costo del coche o autobús. Patada en el culo y fuera del Tibet, incluso de la China, quizá para toda la vida.

Sin embargo, nuestra teoría es que, a excepción de los controles de los pueblos ya señalados, no son excesivamente rígidos con la prohibición. Todos los días te cruzas con agentes de la P.S.B, en coche por la carretera, en los garitos donde comes, etc. Una vez estuvimos ayudando a uno de ellos a sacar el coche de la cuneta y el tipo se mostró muy agradecido, nada de pedirnos permisos ni documentación. O sea que sólo te encuentras siete puntos en toda la ruta donde has de tomar precauciones. Lo demás está a tu entera disposición y disfrute.