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Resultado de la prueba:
- Samu abandona. Son muchos años sin coger
la bici y el Tibet no es el mejor sitio donde recomenzar.
Hay muy poco oxígeno en el aire.
- La bici de Miguel es una mierda. Desde su primera
rotura en el cuarto día no pasó ni un
sólo día sin que se le rompiera algo.
Hubo que hacer importantes reparaciones en Lhasa.
- Hay que comprarse una manta y un termo.
- Obligación de aligerar equipaje al máximo.
Miguel se envía cosas a Hong Kong desde donde
volverá a España el día 8 de diciembre
próximo. Me mando a mi mismo 12 kg de cosas varias
a Kunming, la capital de Yunnam, al otro lado del Tibet.
Zona libre también.
- Hay que pirarse cuanto antes que ya han empezado las
nieves y hay siete puertos de más de cuatro
mil, uno es de algo más de cinco mil, metros.
Posiblemente alguno de ellos, si no todos, estarán
nevados. El frío es superior.
LHASA-DEQIN (Lease
dechin). Más o menos 1500 km. 22 días.
LOS OCHO ELEMENTOS .
Sólo hay ocho factores que hacen del Tibet
uno de los lugares más difíciles del mundo
para pedalear. Sin embargo y también por eso,
uno de los más atractivos, uno de los que más
adictos tiene. Por supuesto que podrían haber otros
como accidentes, averías gordas. Los que voy a
contar aquí son específicos de esta región.
Cuando salimos el 8 de noviembre de Lhasa hacia el este
teníamos algo de prisa y bastante frío.
Pero sobre todo estábamos cagados de miedo porque
sabíamos que cualquiera de estos elementos tomados
de uno en uno o en combinaciones podían acabar
con nuestro viaje, incluso con nuestra estancia en China.
Salimos pitando por valles inmensos. La ligera subida
te permite rodar bien por el asfalto que nos acompañara
hasta Bayi-Nyinchi. El tercer día un puerto
de 4800 metros. La altura, el primero de los ocho,
se hace notar. A pesar de que las rampas no son pronunciadas,
te falta el aire, te faltan fuerzas. Ya en Lhasa, a
3700 m, tenía problemas con el sueño, ligeras
taquicardias y dolores de tarro. Al coco parece que
no le afecta y tira como un fenómeno.
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El truco para no sufrir demasiado en altura
es acercarse lo más posible al paso sin empezar
a subirlo, hacer noche en la ultima población
o acampar. De esta manera pasas el puerto y te da
tiempo aún de perder mucha altura en un sólo
día. El mal de altura es cosa seria amigo.
A la bajada una umbría de unos diez km.
El frío estaba allí esperándonos.
Sin embargo, el día de más frío
de nuestras vidas fue bajando hacia Bamda después
de haber pasado el que dicen que es el puerto más
duro viniendo de Lhasa, con 4839 m. El valle
era un congelador de muchas estrellas, por no decir
otra cosa. Dos pares de guantes y manoplas, tres
pares de calcetines de fibra térmica y botas
de goretex. Na de na!!. Nos helábamos. Y
encima no podíamos ir muy deprisa porque
había una buena capa de hielo y se nos estaba
haciendo de noche. Eso si el pueblo es más
bien feo, ahora, el paraje es absolutamente espectacular.
Aquí tenemos pues al segundo: el frío.
Tenemos constancia de haber estado a menos 17 grados
y aún nos quedaba lo peor.
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El truco. Evitar dormir en las zonas más altas.
Buscar cobijo en casas y pueblos, todas las casas
tienen una estufa-cocina que es una maravilla. Si acampas
conviene poner una manta encima de la funda de vivac.
Tener siempre preparado un termo con agua caliente,
muy fácil de conseguir en cualquier casa. Hacer
fuego esta permitido. Ocupar una casa abandonada,
a las que llamamos yonis, es una buena opción.
Alguno de ellos en sitios asombrosamente bellos.
El cuarto día amanece que no es poco. Mala noche de dolor
de cabeza e insomnio provocados por la altura y por unos
soplavelas de camioneros que compartían el salón con nosotros
y que no paraban de gritar. Pensamientos de exterminio.
Aspirinas. Todo bajo control.
Por lo menos es bajada. El sol esta pegando desde
temprano pero las manos y los pies están helados.
Seguimos bajando. Hay un cuartel a la izquierda, los soldados
o policías están en la puerta, miro de reojo (será uno
de esos famosos checkpoints?). De pronto sin que me haya
dado cuenta, un perro enorme como "amastinao"
está intentando morderme, el primer ladrido al lado de
mi pie izquierdo me ha asustado un montón. Empiezo a lanzarle
coces intentando no salirme de la carretera. En uno de
los ataques del animal le alcanzo un taconazo en todo
el hocico, con el frío que hace!. Se retira relamiéndose.
Va a estudiar otra estrategia, ésta le ha jodido.
Miguel viene detrás pero el perro lo ignora. Días más
tarde el coco reproducirá exactamente la misma operación
taconazo. Su perro tampoco había estudiado bien el croquis.
Tercer elemento: los perros. Teníamos noticias
de manadas de perros que se acercan a la tienda de campaña.
Nuestra suerte nos ha impedido esta terrorífica experiencia
y siempre nos han atacado de uno en uno.
El truco. Antonio Alegre, ciclista madrileño y
mundial, nos recomendó llevar ondas, las que utilizan
los tibetanos/as. Casi todos/as ellos/as llevan una
al cinto. Pero cuando estas en la bici es poco práctico,
eso sirve para cuando estás acampado. Los perros reconocen
el chasquido de la honda y no se acercan. No saben,
ni deben de saber que no tienes puntería. Si estás
pedaleando lo mejor es llevar un palo a mano, es decir,
que lo puedas sacar rápidamente y mostrarlo amenazante.
A nosotros nos ha funcionado bastante bien, los perros
no se arriman. Lo que ocurre es que es fácil de dejárselo
en cualquier parada y por eso se nos han acercado tanto
esas veces.
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Seguimos para adelante, pasamos Gompo-Gyanda
de noche, al día siguiente en una bajada, unos
ripios orondos del tamaño de dos puños juntos
pasan por encima de nuestra cabezas. Lucky men.
Terros a una muerte ridícula ( como los que mueren
de un cocotazo en la playa tropical). Otro día un
piedrolo con forma de rueda, grande como un balón
de fútbol, saltó a la carretera y la atravesó delante
de nuestras atónitas miradas.
Este es pues el cuarto elemento: los desprendimientos
de rocas, muy frecuentes y muy peligrosos. A
veces te encuentras que la carretera ha desaparecido,
bien porque se la llevó un río, bien por estar sepultada
por una montaña de rocas. El truco es estar bien
atento a la parte de donde te pueden caer, un ojo
en la carretera y el otro a la pendiente y aun así,
tener suerte es fundamental.
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Atravesamos Bayi-Nyinchi, separados por 19 km., también
de noche. El control más peligroso de toda la ruta.
Hay asfalto y se rueda muy bien. Por primera vez no hace
bajo cero y la tienda no está helada. La razón
es muy sencilla: está lloviendo. Pero es un lluvia muy
fina que resulta incluso casi agradable. Después de
pasar Nyinchi tenemos una gran sensación de victoria,
más tarde explicaré por qué. Comienza un puerto terrible
porque se acaba el asfalto. Hay obras y un poco de barro.
Nos desayunamos champa ( harina de cebada con mantequilla
de yak ) y cha (té salado con mantequilla de yak) con
una familia de tibetanos que alucinan con nuestras
pintas y sobre todo con nuestra cámara de vídeo.
Retomamos la subida. Nos encontramos zonas de barro que
se pasan más o menos fácilmente. Más arriba hay hielo
y empezamos a patinar, mal asunto... Pero empieza a nevar
ligeramente, lo cual hace que se forme una capa de nieve
sobre el hielo, lo suficientemente grande como para que
nuestras ruedas agarren y lo suficientemente fina como
para que no se hundan ni se atasquen. De esta manera,
horas más tarde llegaríamos al puerto. Así nos haríamos
otro más.
A la bajada unos 15 km. de lodazal, es bajada bastante
pronunciada, por eso no nos quedamos atascados, sin embargo
si nos encontramos camiones atrancados en el barro
en sentido opuesto.
Ya tenemos el quinto y sexto elemento. Por un lado
las pistas y por otro la nieve y el hielo tomados como
uno. Un barrizal puede detenerte y obligarte a dar
la vuelta o hacerte esperar varios días. Esto último,
dependiendo de donde estés, puede ser posible o no: hay
zonas del Tibet, las más altas, que se despueblan durante
el invierno, el lago Namtso por ejemplo, o el pueblo
recién abandonado, donde pasamos una de nuestras mejores
noches, después de cruzar el último gran puerto de la
ruta.
De la nieve y el hielo no hacen falta muchos comentarios.
Excepto que por una vez, su alianza nos vino pero que
muy bien.
El truco. Para el barro no lo conozco, más de una vez,
nos hemos quedado atascados. Si no estás en una bajada
muy pronunciada no hay tu tía. Para el hielo dicen que
hay ruedas especiales con pinchos. Yo aún no las he visto,
pero no me voy a quedar con las ganas. Por lo demás, la
cosa es que estés en esa parte de la ruta en el momento
adecuado.
A partir de Nyinchi, la carretera oscila entre mala
y muy mala. Aunque esto está cambiando muy deprisa
porque hay miles de trabajadores y todo tipo de maquinaria
construyendo una carretera nueva, una verdadera obra de
titanes, te encuentras con tramos infernales, piedras,
polvo, camiones, máquinas.
Ya en el este, después de haber pasado tantas fatigas
resulta que aún te quedan una pocas más. Los niños
te tiran piedras cuando vas con el resuello y el corazón
a tope de vueltas, subiendo un puertaco, tan deprisa
como andando, eres presa fácil. Una buena pedrada. No
es en el único sitio donde nos han tirado piedras, también
en Marruecos, Mauritania, Kenya...
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Truco: En una de esas, salí corriendo
desandando la cuesta con la bici detrás de los "agresores".
La altura y sus anexos: taquicardia brutal. Parece
que me va a explotar el corazón, pero ya estoy lanzado,
los voy a pillar. Suelto la bici, me subo un terraplén,
al primero lo engancho a la carrera, zas! colleja!
y sigo a por el otro, el grande. Se mete en un corral.
Es la escuela en la hora del recreo, un millón de
chiquillos despavoridos cuando me ven entrar corriendo.
Sigo a mi objetivo, el corazón me va a estallar en
mil pedazos. Se para delante del maestro. Le meto
dos collejas, me agacho, cojo una piedra y le explico
al profesor en español lo que ha pasado. El maestro,
como ha estudiado, comprende la situación.
Le meto otras dos collejas, no al maestro, al niño
y me piro. Tampoco es cuestión de ensañarse con un
niño. El pueblo entero ha visto la película. Pienso
que hoy es el día en que se abra esa puerta. Nadie
dice ni mu. Mejor, mucho mejor. Recupero pulsaciones
lentamente. Dos filas de niños de todas las edades,
una a cada lado de la carretera. Serios, muy serios.
La lección del día: no tires piedras a los guiris,
aunque vayan en bici. |
OCTAVO ELEMENTO: LA GUINDA
"A la complicación le ha surgido una
complicación" Brazil. Terry Gilliam
Como todo buen pastel, este también ha de tener su guinda
que lo adorne, que redondee la faena. En nuestro caso
es que la ruta Lhasa-Deqin esta prohibida para extranjeros,
a no ser que contrates, bla, bla, bla, véase la primera
parte del Tibet o Nepal.
A lo largo de la ruta nos encontramos con dos tipos
de controles de la policía. Siguiendo el criterio
de Antonio Alegre, los peligrosos con un asterisco
y los muy peligrosos con dos.
Entre los primeros contamos con las poblaciones de
Gompo-Gyanda, Bomi y Zogang. Entre los segundos Bayi-Nyinchi,
separados por 19 km. pero se hacen en la misma tacada,
Markam y por ultimo Yunying, también dos controles separados
por cuatro km. que se hacen como uno.
La diferencia es que en los primeros puedes parar,
comprar, descansar un poquito, tomar algo. Pero jamás
debes quedarte a dormir porque se presenta la policía
en el hotel y te manda fuera del Tibet. En los muy peligrosos,
o de dos asteriscos, no puedes ni siquiera, ser visto.
Has de cruzarlos de noche. Verdaderamente es muy emocionante
levantarse varias horas antes del alba, recoger todo a
muchos grados bajo cero. Tomarse un vaso de leche calentito
y unas galletas y al camino, encendiendo la linterna lo
justo. El gusto que te da cuando te saltas un control
no tiene nombre. Sobre todo el último, el de Yunying cuando
ya entras en Yunnam que es zona libre.
Lo que te juegas no es moco de pavo. Conozco un
caso al que le salió la broma por casi cinco mil (5000)
dólares americanos, hace ya unos cuantos años, por saltarse
un control a plena luz del día, con el guardia a la vista.
Varios días más tarde cuando ya creía que todo había pasado
lo pillaron en un hotel y le montaron una buena. Multas
de 600 dólares son normales. A lo que tienes que añadir
el costo del coche o autobús. Patada en el culo y fuera
del Tibet, incluso de la China, quizá para toda la vida.
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Sin embargo, nuestra teoría es que, a excepción
de los controles de los pueblos ya señalados, no
son excesivamente rígidos con la prohibición.
Todos los días te cruzas con agentes de la P.S.B,
en coche por la carretera, en los garitos donde
comes, etc. Una vez estuvimos ayudando a uno de
ellos a sacar el coche de la cuneta y el tipo se
mostró muy agradecido, nada de pedirnos permisos
ni documentación. O sea que sólo te encuentras
siete puntos en toda la ruta donde has de tomar
precauciones. Lo demás está a tu entera disposición
y disfrute.
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