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Pero además ha sido el inicio de una relación-amistad-colaboración
con la familia PAT (Promotion
of Appropriate Technology Co., Ltd),
que nos han abierto sus corazones, las puertas de su fábrica,
y los misterios de hacer pozos de agua en Africa. Para
la bicicleta Tailandia es un pais fácil. Buenas
carreteras y muchas, para compartir con mogollón
de tráfico y para perderse, con algunos itinerarios
espectaculares por el norte, con cantidad de sitios donde
alojarse, comer, reparar la bici… Es el país
más modernizado que hemos encontrado desde que
salimos de casa. Famosa por sus "masajes", Tailandia
tiene mucho más que ofrecer. Desde luego viajando
en bici es una tierra linda, de gente abierta y de
tradiciones milenarias. Entre éstas está
el masaje, nuad bo-rarn, por supuesto, que Josetxu se
paró para aprenderlo durante un par de meses. Y
qué decir de sus mercados, con sus exquisiteces,
tom yam, son tum, los huevos podridos, los brotes de bambú,
la sopa de coco… Brutailandia.
El otro notición fue la visita de Pako, que esperamos
repetir. Ha sido la primera vez que pedaleamos tanto con
"un desconocido". Y bueno, el reencuentro de "todos" en
Bangkok, y la nueva Diáspora… Todos hemos pasado por aquí
a lo largo de casi un año. Y mucho, mucho se tiene que
torcer la cosa para que no volvamos a pasar. Sólo os contamos
las rutas en bici para no aburriros mucho.
BKK y PAT.
BKK es la abreviatura de Bangkok, la capital del pais.
BKK es una gran ciudad, con autopistas, skytrain y
mucho movimiento por todos los lados. Los Chakri, la
actual dinastía de reyes, construyeron la ciudad
en la margen izquierda del sagrado río Phraya,
la madre de todas las aguas. La antigua capital estaba
al otro lado del río, en Thonburi, donde se encuentra
la factoría de PAT. Ahora los rascacielos se mezclan
con las pagodas y los esqueletos de los edificios que
quedaron a medio construir debido a la crisis del 98.
Las calles hierven de tráfico que motos, coches
y buses colapsan casi todo el día. Y dicen que
antes era peor! Puedes encontrar de todo lo que quieras
y necesites (excepto medicinas homeopáticas) y
mucho más. BKK es uno de los centros vitales
de esta parte del mundo.
PAT son las siglas de Promotion of Appropriate Technology
Co., Ltd. PAT para los amigos. Supimos de PAT cuando pasamos
por Nairobi (Kenia) en Octubre de 2001. Andábamos
tomando unas cervezas en el jardín de Sophie y
Manu, cuando pasaron por allí Marie y Bruno y nos
convencieron para cocinarles una paella al día
siguiente en su casa. Así y allí empezó
la cosa. Cuando Juli y Josetxu llegamos a BKK nos pusimos
en contacto con Bruno y él nos pasó la dirección
de la fábrica en Thonburi. Cocinamos otra paella
y así y aquí continuó la cosa. Para
saber más en detalle lo que hacen os invitamos
a visitar su website,
en la que hemos colaborado. Pero qué podemos decir.
Aquí hemos reparado bicis, descansado, encontrado
amigos, ayuda y un montón de cerveza. La cosa tiene
que continuar. Por aquí han pasado los bicicletos,
los amigos de Pako, Poli (al que conocimos el año
pasado en Tanzania y hemos vuelto a encontrar en BKK,
dónde será la próxima?), Iñaki,
Jacobo, Tere y un río de gentes que conocen a los
PAT y con los que ya hemos hecho contacto para movidas
futuras.
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BKK - Camboya (Juli
y Josetxu, Mayo 2002).
Llegamos al principio de la estación de las lluvias,
que nos acompañarán hasta volver a BKK,
y continuará lloviendo. Siguiendo las recomendaciones
de los PAT ibamos pidiendo alojamiento en los wat, los
templos budistas. Felpecto. Para los tailandeses
es casi obligatorio vestirse una vez en su vida los hábitos
monjiles. El budismo,junto con la monarquía
y el ejército son las tres grandes instituciones
del país. Cuidadito con las bromas. Así,
en los templos te puedes encontrar desde venerables ancianos
que llevan toda su vida estudiando budismo (y/o masaje,
medicina tradicional, meditación, etc.), a novicios
temporales, pasando por gente que se retira a descansar
durante las lluvias o del mundanal ruido, deskarria2 desintoxicándose
y almas perdidas. Y ahora también bicicletos. Ellas
también pueden ir a los templos, pero nosotros
no coincidimos con ninguna monja en Tailandia, mientras
que en Camboya y Laos era más frecuente verlas.
La salida de BKK comienza con un pinchazo en mitad de
una autovía y 3-4 horas de pedaleo por avenidas, autopistas
y paisaje urbano que parece no acabarse. Llega la lluvia,
la noche, y Minburi. Por primera vez probamos con los
monjes tais. De lujo. Charlamos con los novicios, compartimos
té. Uno de ellos tiene una televisión de 28", Trinitron
y Hi-Fi y está enganchadísimo a la MTV. Menudo retiro.
Al día siguiente nos regala una pulserita de la suerte.
Empezamos bien.
Un día más de autopistas y paisaje insulso
nos lleva poco a poco a la Tailandia profunda, rural y
tranquila. Vamos de templo en templo, con encuentros inesperados
y sorprendentes. En un templo tienen hasta website, nos
dejan consultar nuestro e-mail, nos dan un masaje en los
pies y una habitación con aire acondicionado.
El itinerario discurre paralelo a la frontera con Camboya.
Zona "calentita" de minas antipersonales y puestos militares
cada 2 kms. Todo está lleno de bosques de árboles
frutales: rambutan, mangut, jackfruit, durian. Deliciosos
sabores nuevos.
Llegamos a la costa y decidimos visitar la isla de Koh
Chang para descansar un par de días antes de entrar
en Camboya. Tras 10 dias de pedalada y relajo nos metemos
en un bungalow a dormir y, a pesar del vigilante, por
la noche se cuelan en la habitación y se llevan
la riñonera con to-do: pasaporte, tarjetas de crédito,
dinero, agenda, cámara de fotos… Un buen palo,
y eso que estábamos de vacaciones. El nombre
del sitio: Bamboo lodge. No vayáis nunca. Sospechamos
que los managers estaban metidos en el ajo. Así
que Juli se regresa a BKK a por un nuevo pasaporte y Josetxu
le espera en Trat, la última ciudad grande antes
de Camboya.
Cuando nos juntamos de nuevo, vamos al mercado a cenar
y allí encontramos a un personaje de cómic:
un monje recién salido del templo, rapado al 0,
cejas incluídas, español, ex-luchador de
tai-boxing, campeón de kick-boxing en los USA durante
4 años, padre de 3 hijos repartidos por Tailandia,
USA y Mexico, y "en busca de magia". Como lo ois, todo
junto. Compartimos la noche y una larga conversación
muy variopinta. Nosotros bebemos birra y él yoghurt.
Una pena que le perdiéramos la pista. Al día
siguiente pedaleamos paralelos al mar hasta llegar a la
frontera con Camboya. Es el cumpleaños de Juli.
De regalo un nuevo país para sus pedales. No volveremos
a Tailandia hasta un par de meses más tarde.
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Laos - Chiang
Mai (Juli, Pako y Josetxu, Julio 2002).
Primer contacto con las montañas del
norte de Tailandia. Con el tiempo supimos que se
pueden rodar por pistas, pero nosotros llegamos
con lluvias y nos fuimos con lluvias también.
Y las carreteras de poco tráfico tampoco
desmerecieron. Empezamos desde Chiang Khong, con
fuertes rampas a la vera del Mekong. En una de esas
a Juli le hace un extraño la bici y besa
el suelo. Rasguños y moratones por todos
los lados, dolor agudo en el codo. Mejor vemos si
ha pasado algo grave. Un paisano nos ayuda y nos
lleva al hospital más cercano. No fue nada
serio, sólo le quedó el cuerpo como
una barra de salami. De esta guisa es difícil
pedalear, así que hacemos una cita en Chiang
Mai, y Pako y Josetxu continúan la pedalada.
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Estamos en el famoso triángulo de oro, una
de las zonas más productivas de opio del mundo.
Llamado así por ser la confluencia de dos ríos,
el Mekong y el Nam Ruak, que delimita tres paises: Tailandia,
Myanmar y Laos. En el lado tai poco queda de las plantaciones
de amapola. Una fuerte inversión del estado promocionando
cultivos "alternativos" ha cambiado totalmente la fisionomía
del lugar. El pasado se hace mito. Ahora la zona se ha
convertido en un destino turístico más donde
visitar museos, comprar parafernalia para consumir opio
en numerosas tiendas de regalos, y relajarse en un crucero
por las aguas del Mekong. En las orillas de los paises
vecinos el cultivo milagroso aún representa la
principal actividad económica.
A Chiang Saen llegamos con lluvia y lluvia. En
el primer templo nos dicen que no, pero en el segundo
que sí. No hay problema, amigo. Curas para todos
los gustos se cuecen por todas partes. Pasamos Mae
Chan y las llanuras se elevan suavemente hasta hacerse
unas rampas duras que atraviesan bosques de bambú
que esconden estatuas gigantes de Buda. Entramos en zona
lanu, una cultura que tuvo su reino entre el de Siam y
el de Birmania, y con la capital en Chiang Mai. A
pesar de que la Historia trazó la frontera dejándolos
en el lado tailandés, los norteños tienen
su propio caracter y costumbres.
Además, por toda la zona habitan distintas hill
tribes, los pueblos "montagnards" que dijeron los franceses.
Algunos migraron desde Tibet, Myanmar y sur de China.
Un mosaico de distintas culturas que pueblan las tierras
altas, dejándo los llanos bajo influencia tai.
Si sólo hemos aprendido cuatro palabras en tai,
de las lenguas de estos pueblos nada de nada. Son alrededor
de 20 y han estado migrando hacia el sur durante los últimos
200 años. Los vemos desde la bici, cada una con
sus vistosos trajes y sombreros. Comparten con los
tai la eterna sonrisa.
Cultivos de chile y ajo, los picantes aderezos de la
cocina tai. Estamos al ladito de la frontera con Myanmar,
que desde Junio está cerrada por las interminables
escaramuzas entre los rebeldes karen y el ejército
birmano. Pasamos los budas gigantes de Tha Ton y llegamos
a Mae Ai. En su templo, los mojes nos alojan en una
habitación VIP, con aire acondicionado, cafetera,
cuarto de baño. Muchas gracias, khàwp khun krap.
Salimos de las montañas y la carretera se convierte
en autovía. Ya llegamos a Chiang Mai, las segunda
ciudad del pais.
La antigua capital lanu se asienta a los pies del
Doi Suthep, la montaña sagrada que alberga un templo
con reliquias del mismísimo Siddharta Buddha.
Ciudad no muy grande, bastante manejable y preparada para
turistas, es también famosa por sus más
de 100 templos. Allí nos encontramos con Juli,
ya repuesto del accidente y preparándose para su
retorno a Madrid: maratones de cervezas, recorridos gastronómicos,
visitas a los fantásticos mercados de Chiang Mai.
Nos alojamos en la pensión VK, como no. El sitio
ideal para Juli y Pako, vallekanos en bici por el mundo.
Tras casi 3 años de pedaladas mundiales se hace
durete despedirse. Una lagrimita, un último
beso y el tren selleva a Juli rumbo a Madrid, en un destino
de película. Ya nos contarás dentro
de seis meses.
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Chiang Mai -
BKK (Pako y Josetxu, Agosto 2002).
Explosivas subidas y descensos kilométricos.
Montes salvajes de ríos y cascadas, de arbolazos
y bosques, cuevas y aguas termales. El bucle Chiang
Mai - Mae Hong Son es un itinerario clásico
para moteros y ciclistas, y un buen escenario para
trekking, rafting o una visita a las hill tribes.
El primer día hacemos noche en Ban Mae Sae,
en un modesto templo donde sólo habita un
anciano monje. No habla ni papa de inglés,
pero fuma como una chimenea y se hace entender debuti.
Cenamos las delicias que cada día las familias
de la pequeña aldea le dan. Un abuelete de
esos que te dan ganas de llevártelo a casa.
Siguen los escarpes y los paisajes recortados de
montes. Llegamos a Pae y pasamos de largo para
escalar 18 kms de cuestas seguidas. Un palizón
al que le siguen 15 kms de descenso hasta Pang Mapha.
Esa noche la pasamos en otro discreto templo
donde otro monje solitario, esta vez de 20 años,
tiene un curioso compadre: un mirlo, con el que
se comunica mediante silbidos. El paisaje humano
dentro de los templos continúa.
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Al día siguiente llegamos a Mae Hong Son tras
un par de puertos más. La carretera es un rompepiernas.
Descanso un par de días con visita a unas termas
donde nos pillamos un jacuzzi, como en las pelis. Más
bici y más agua. Dormimos en otras termas con cueva
y monje eremita. Nos invita a pasar la noche con él
pero preferimos dormir fuera y cerquita de nuestras queridas
burras. Por aquí aparecen de vez en cuando pueblos
chinos, con los descendientes de los soldados del ejército
de Chang Kai Chek, que huyeron de China hace más
de 50 años y se asentaron en esta región.
Todo un flash entrar de repente en China sin salir de
Tailandia. Llueve y llueve, un desayuno de 22 kms de subidas
y lluvia nos deja tiritando. La tromba de agua no para
y nos refugiamos en un chamizo de bambú water resistant.
Es la temporada de recogida de los brotes de bambú,
una suculencia de la cocina tai. Los paisanos construyen
estos chamizos a lo largo de la carretera donde se juntan
con sus cargas y esperan a los camiones que pasan comprándoles
el género a menos de 1 euro/kg. Una vida dura la
de los paisas de aquí arriba. Pasamos la noche
en el chamizo con 2 chocolatinas, 4 galletas y litros
y litros de agua de lluvia.
A la mañana siguiente el tiempo sigue inclemente
pero llegamos a almorzar al chiringuito de "Welcome-I-love-you",
una tipa simpatiquísima que no para de reirse de
nosotros y repite sin cesar el lema de las go-go girls
tais. Allí también conocimos a la versión
tai de Pedro Navaja, que inmortalizamos en una entrevista
en video destornillante. Llueve y ya nos da igual pedalear
bajo la lluvia, como Gene Kelly pero en bici. Myanmar
esá al otro lado del río. Un inmenso campo
de refugiados karen nos habla de la delicada situación
de este área, donde los guerrilleros luchan contra
la dictadura militar birmana.
En Mae Sot parada y relax. Curioso enclave lleno de
birmanos, bangladeshis, un sitio rarete. últimos
puertacos, budas gigantes y toboganes para alcanzar las
llanuras del sagrado Chao Phraya. Visitamos las ruinas
de Kamphaeng Phet, en bici por supuesto. Llanos, arrozales,
frutales. En el último templo de la temporada
charlamos con un tipo que, harto de su familia, se refugia
en el wat y se relaja de la vida "exterior". La siguiente
etapa acaba en Ayuthaya, la antigua capital del reino
de Siam. Otra paradita histórico-cultural-culinaria.
Ciudad recomendable a pesar deser muy turística.
Nos separan 80 kms de BKK, de los cuales los últimos
60 son por autovías atestadas de camiones y coches
y buses y motos y tuk-tuks y dos locos en bici. Por
fin llegamos al santuario de la Virgen de PAT, nuestro
hogar y refugio, tras tres meses y 5000 kms por este sudeste.
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Bangkok - Malasia
(Juli y Josetxu, Marzo-Abril 2003).
Para salir del país, esta vez atravesamos el
sur de Tailandia, un país que llevamos ya muy dentro
de nuestros corazoncitos. Un buen día por la
mañana nos volvimos a despedir de los colegas de
PAT. Un muy fuerte abrazo, nos comemos una lagrimita
y a salir de Bangkok. El primer día pasamos la
noche con "el gordo" Ouan, un conductor de tuk-tuk
(un tipo de taxi muy típico del Sudeste asiático)
que nos llevó a su casa y nos dio un paseito
con su maquina al día siguiente. Por fin vimos un
mercado flotante, con sus turistas y todo. Luego
nos llevó a echarle comida a los siluros
de un templo, luego a comer... Su abuela nos cocinó
unos deliciosos dulces de arroz y plátano. Una genia.
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Carreteras al sur, tenemos pocas opciones más allá
de la autovía. Algunos wats en los que pasamos la
noche se encuentran en la playa. De lujo. Pasamos el
punto mas estrecho de la geografía tailandesa, menos de
11 km entre el mar y la frontera birmana. Tuvimos
suerte y solo nos llovió un par de días, pero los cielos
estuvieron cubiertos y así hicimos los primeros 600 km
hasta Chumphon. Josetxu rompe el eje de la rueda delantera:
primera averia que solucionamos sin mayores problemas
en esta ciudad. Aquí también nos damos lo últimos masajitos
tais. Los "tradicionales", ya sabéis.
Cruzamos el istmo de Khra y cambiamos de océano: del
Pacifico al Indico. La costa oeste es un espectáculo de
pináculos de caliza que forman gaudianos acantilados con
playas de esas de película. Cruzamos un par de pequeños
puertos pero de cuestas criminales, como les gusta hacerlos
en este país. En otro wat había una feria montada dentro
con casetas, tiendas, chiringuitos, música. Es como descubrir
Tailandia dentro de Tailandia. En una de esas playas nos
reencontramos con Oscar alias "David" y Kepa, antiguas
amistades de BKK. Esa noche hubo otra sesión de minis
de Sam Song. En la ciudad de Trang celebramos el festival
del Songkran, la "guerra del agua" que anuncia el final
de la estación seca. Mojamos y nos dejamos mojar como
es la costumbre, que resultó ser bastante más cachonda
y divertida que su homologa en la India.
Tuvimos que pasar por la ciudad de Hat Yai para conseguir
repuestos. Aquí nos dimos un ultimo homenaje de comida
y cerveza tai antes de entrar en territorio musulmán.
Ultima tirada de bici en este país. Salimos de Hat
Yai y vemos durante unos km el Indico otra vez. Cambiamos
de dirección al sur y los bosques de caucho dominan el
paisaje visual y olfativo, con su característico olor.
Al final intentamos dormir un par de veces en las mezquitas,
pero la poli llegaba y nos decía que no era seguro, que
si los talibanes, que si patatín, que si patatán.
Al final pasábamos las noches con los maderos. Monjes
y maderos. Toma ya. El sur de Tailandia esta petado
de musulmanes. Las chicas llevan pañoleta y los chicos
unas faldas hasta los tobillos muy monas. La verdad
es que no sabemos que tienen estos budistas... que nos
molan más. La ultima ciudad es Betong, lleno de karaokes
que ofrecen a los vecinos del sur las noches locas que
su Gobierno les tiene prohibido. Ciao Tailandia. Hasta
la próxima.
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FICHA TECNICA:
Nawn thîi nîi dai mãi? (Podemos dormir aquí?).
Templos budistas? Sí,
gracias. De forma análoga a como hicimos
en India, solo que esta vez en versión budista.
Los templos o wats son un espacio público
al servicio de la comunidad, donde los extranjeros
son bien recibidos siempre. Sólo nos rechazaron
media docena de veces en tres meses, y siempre encontramos
otro templo a la vuelta de la esquina. Aquí
encontraréis techo, agua para lavarse y monjes
para charlar. No se puede pedir más.
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