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CHINA: EL GIGANTE DESPIERTO.
Agarré de nuevo la bici, después de volver del sudeste
asiático, Vietnam, Laos y Tailandia. La había dejado
en Kuming, la capital de Yunnan, en casa de la entrañable
Anna Presker. Pensaba llegar hasta Shanghai y desde allí
volar o navegar hasta Japón. La etapa duraría un mes
y medio o dos. Pero se truncó en poco más de una semana
después de haber salido de Kunming.
Emprendí viaje en solitario buscando la costa. Los
ciclistas que conocí allí, entre ellos PQ, nacido y criado
en Barcelona, me habían aconsejado en este sentido. Era
época de lluvias en la ruta de las montañas, la ruta que
quería hacer en principio.
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Así que puse rumbo a Nanning, Guangzhou... Los
primeros días unos puertos duretes con bastante tráfico
de camiones. Lo más destacable es el bosque de piedras
de Shilin, paisajes de karst bastante alucinantes y los
campos dedicados a diferentes cultivos, todos tan
ordenaditos.
Rodaba solo. Eso supone que estás mucho tiempo pedaleando.
A veces aburre. Por eso tenia en mente superar los 200
km en un día, establecer un nuevo record de los bicicletos.
En un país como China, donde casi nadie habla otro idioma,
ni yo chino, es normal que te dediques a este tipo de
metas o tonterías. Ruedas y ruedas como un psicópata.
Pero tiene su aquel, como decía el poeta.
Por supuesto no los superé, me quedé en una cifra entre
los 170 y los 180 el ultimo día, el día en que llegue
a Nanning, que ya es un nuevo record. A partir de los
dos primeros días, el viento dejó de ser mi amigo y, por
rachas, intentaba enconadamente impedírmelo. Para añadir
obstáculos, una diarrea a partir del tercer día me restó
fuerzas unos días.
Cuando me preguntan por la comunicación en China: Si
no sabes chino está difícil. Pero siempre hay un truco:
llevar siempre a mano un diccionario. Es imprescindible.
Y es que allí hasta los gestos de las manos tienen
otros significados. Hay que andarse con cuidado porque
son muchas las veces que hay que tirar de gestos, de mimos,
de teatro, de dibujar viñetas, para realizar una operación
como buscar una conexión a Internet o comprar alguna cosa.
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Eso si, la diferencia de trato varia de la noche
al día si tu intentas pronunciar chino con tu libro
o las palabras que te hayan apuntado tus amigos,
etc. Los chinos son tímidos y orgullosos, no
les subas la voz o te pongas impertinente porque
no te entiendan. Si te comportas así, les haces
"perder la cara" y lo vas a llevar mal. Si, por
el contrario, tratas de hacerte entender con tu
torpe pronunciación, mimo, gestos y/o finalmente
con el libro o diccionario, entonces te vas a encontrar
con una gente entre excelente y muy excelente.
Te van a ayudar, a llevar a tal sitio, a hablar
con tal o cual para arreglarte la vida en ese momento.
Además son muy invitones, les gusta invitarte
a comer o beber. Y siempre te ofrecen cigarrillos
lo que me recordaba a España cuando era chico. Ah!
Eso me molaba mogollón.
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Por ejemplo en Xingyi, ya en la provincia de
Guangxi, después de patearme la ciudad durante un par
de horas buscando una conexión a Internet, terminé entrando
en una tienda de ordenadores. La llevaban cuatro chavales,
dos chicos y dos chicas. Su inglés era de tan alto nivel
como mi chino. Pero bueno. Tenían acceso a Internet y
me dejaron usarlo durante unas tres horas por la cara.
Mi mala cabeza y mi mal dominio del idioma me impiden
acordarme de los nombres de esos chavales tan majos, ay
qué leche.
Fue allí donde recibí unos treinta mensajes dedicados
casi en exclusiva a hablar del Sars. Había hasta un
extracto de la OMS, advirtiendo del peligro de la gripe.
Por supuesto mi familia en pleno pidiéndome que dejara
el país cuanto antes. Hubo uno, el clave, que decía que
hasta el ministro chino de sanidad reconocía la gravedad
de la cosa. Si el mismísimo ministro chino, pensé,
reconoce la gravedad del asunto entonces es que el asunto
es grave.
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Y allí fue donde decidí que igual molaba un
cambio de aires, algo como más nipón. Sobre
todo porque mi ruta pasaba precisamente por Guangzhou
que era el principal foco de sars junto con Hong
Kong, donde tenia un amiguete que había hecho
en Dali, una bella ciudad al norte de Yunnan y al
que quería visitar. Tenia otra opción, virar hacia
el norte, hacia las montañas por donde había renunciado
a ir, con su época de lluvias y tal. Allí el sars
no había llegado aún y no creo que lo haya hecho
en el tiempo de después.
En los mapas que llevaba, es recomendable llevar
alguno en chino para cuando preguntas, aparecía
el signo de aeropuerto tanto en Kunming como en
Nanning. La primera estaba de vuelta a unos tres
o cuatro días más o menos conocidos. La segunda
estaba a muchos más kilómetros pero a bastante menos
altura con lo que los días cunden más. Y era por
conocer. Hacia Nanning pues buscando un aeroplano
que me aleje del sars y de la soledad.
Días mas tarde, ya en Japón, mi madre me dijo
que no podían salir vuelos internacionales de los
aeropuertos más importantes del país. Me había escapado
por los pelos, una vez más, jeje.
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Meses después me parece que lo del sars ha sido una
tremenda exageración. Habrán muerto un poco mas de
mil personas. Hagamos el porcentaje que sale en un país
como china. Es prácticamente nada. En un país como
España han muerto miles de personas por una ola de calor
y aquí nadie se tira de los pelos. Y no hablemos de
los coches. Pero eso sí, miles de personas han suspendido
sus viajes o sus negocios con Asia gracias al gran bombo
que se la ha dado en el mundo entero a esta noticia. Por
ejemplo, mi familia, que iba a venir a visitarme.
De todas formas en aquellos momentos, y en solitario,
a mí me entró el canguelo y me piré. Quizá si hubiera
ido con alguien la cosa hubiera sido diferente, pero eso
es historia ficción. Con la ayuda de dos encantadores
estudiantes, Lin Xin y Zhou Fan me las arreglé para comprar
un billete hacia el país del sol naciente, con escala
en Shanghai. Con ellos además aprendí un taco de comida
típica en los garitos que rodean la gigantesca universidad
de Nanning. Su inglés, sobre todo el de ella, era de buen
nivel. Los estudiantes, qué jóvenes!.
Me fui con cierto dolor. Dejaba China por segunda
vez en poco tiempo. Era de estas veces, que a mí me
ocurren en contadas ocasiones, que quería y no quería
hacer lo que estaba haciendo. Muchas ganas de llegar
a Japón donde una nueva etapa me esperaba, muchas ganas
de estar en China que es uno de mis favoritos también.
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Me quedo con el deseo de volver y supongo que
lo haré. Algún día, quizá no muy lejano.
En China habré hecho algo más de 2000 km.
Lo ves en el mapa y es nada. Eso es una sensación
también difícil de explicar. Tiene que ver con las
inmensidades y China es una inmensidad. Un país
que crece a un ritmo escalofriante, lo notas
en el aire. Todo esta bullendo, toda esa enormidad
en ebullición. El gigante se ha despertado.
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