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Es la isla-continente, la que produce más vacas del mundo
y, tras áfrica, la tierra más seca del mundo. Juegan
tres tipos diferentes de rugby, adoran los coches, beben
mucha cerveza y tienen algo de vaquero, con su sombrero
y su acento cerrado. Yep! Vimos muchos canguros, emús,
koalas… animalitos nuevos. Y también vimos "la roca",
Uluru, como la llaman los aborígenes Anangu (o Ayers Rock,
como la bautizaron los colonos), una de las visiones más
impactantes del viaje. Y visitamos Tasmania, la isla
del famoso demonio, que finalmente apareció una aciaga
noche ya cuando nos íbamos. Hicimos muchos kms, nos llovió
mucho, hizo mucho frío, pero nos reencontramos con el
vino.
Northern Territory.
Llegamos a Darwin desde Bali completamente borrachos.
En el avión nos daban buen vino local gratis. !Qué
bonito volver a beber vino! Y en Australia tienen mucho
y rico. Mejor y más rentable que la cerveza. Y eso
que es el país que más birra bebe del mundo por habitante.
El aterrizaje también tuvo su shock: llegamos de nuevo
al primer mundo, o sea, todo carísimo. Atrás quedó
la barata Asia. Además en la aduana nos registran de pe
a pa e incluso nos lavan las bicis. En el camping de Darwin
nos encontramos otra vez a Christine y Malcom, los kiwis
que están pedaleando desde London a Auckland (Nueva Zelanda).
Otros ciclistas se suman al grupo: dos belgas y un finlandés.
En Australia no es difícil encontrar practicantes del
"ciclismo pesado".
Salimos camino al Kakadu, parque nacional famoso en
el país. Son los primeros kms de lo que será un paisaje
constante durante muchos, muchos días: un bosque ralo,
abierto y quemado en su mayoría. De vez en cuando
un curso de agua rompe la monotonía con algunas palmeras
y humedales. La primera noche la pasamos con Doub, en
su campamento educativo. Al día siguiente tenían la visita
de un colegio y esa noche estuvimos cazando cocodrilos.
Los de agua dulce, que son más pacíficos y sólo miden
hasta 2 m. Nos echamos a los manglares con un par de canoas.
El ranger que nos acompaña se lo hace de Cocodrilo Dundee,
y pilla una cría de medio metro !con las manos! Esto es
Australia amigos.
Seguimos la Old Jim Jim Road, una pista de casi 100
kms que atraviesa el parque, polvorienta y monótona. Al
cruzar los ríos, podemos leer las señales que avisan del
peligro de cocodrilos. Empujamos las bicis con la
oreja detrás de la mosca. Dormimos en los creek, cursos
de agua temporeros, donde siempre encontramos un agradable
charco para ducharnos y filtrar agua. Saliendo del
Kakadu nos metemos en el Stuart Highway, la carretera
que atraviesa el centro de Australia de Sur a Norte,
siguiendo la ruta que hizo el tal Stuart y sus colegas
en los 1860s, después de sólo tres intentos. Rectas y
rectas y rectas salteadas con unos pocos coches y muchos
road trains, camiones de hasta 60 m, cuatro trailers y
110 toneladas que te sacan de la carretera y te dejan
el pecho helado cuando te adelantan. En estas llanuras
se encuentran las granjas ganaderas más grandes del mundo.
Las fincas se miden por miles de km2, el número de vacas
por decenas de miles, y se necesitan helicoteros para
ojear el ganado. Una noche acampamos en una de estas estaciones
ganaderas, con vaqueros de verdad: guapos, altos, fuertes,
con sombrero, que beben mucha cerveza y bromean sobre
los encantos eróticos de las terneras.
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Unos 80 km antes de Tennant Creek la rodilla de Juli
da su primer aviso. Se queda haciendo dedo y Josetxu
sigue en bici hasta el pueblo. Unos días de descanso y
vuelta a la Stuart. A los pocos km de la salida Josetxu
rompe el eje de los pedales pero puede tirar. Esa noche
la pasamos en las Devil Marbles, unos bolos de granito
muy parecidos a los de la Pedriza madrileña aparecen en
mitad de la nada. Un sitio rechulo. No es extraño que
sea un sitio sagrado para los aborígenes. Al día siguiente
la rodilla de Juli da su segundo aviso. Paramos en la
gasolinera de Wachope y allí cambiamos equipajes y bicis.
Juli seguirá a dedo y Josetxu en burra. La cita es en
Alice Springs en 3-4 días. De repente aparece una camella
y se pone a comerse nuestra comida. No sabemos muy bien
como espantarla pero ella sí: le muerde a Juli y patea
y pisotea nuestro equipo, se pone muy agresiva. Pero nosotros
contratacamos: Josetxu la tiene a raya a base de pedradas
mientras Juli se lleva el equipo fuera de su alcance.
Toda la operación delante de la sonrisa socarrona de los
aussies y la lente de las videocámaras de los turistas
japoneses. Aqui trajeron muchos camellos para construir
el telégrafo, el tren y las carreteras del desierto. Ahora,
ya en desuso, hay mas de 17.000 camellos asilvestrados.
Ojito si te cruzas con alguno.
Por el centro del desierto ya no hay árboles, solo
arbustos y poco más. Las noches son gélidas y el agua
se congela en las botellas. Tras Wycliffe Well, "la capital
del UFO del pais", pasas al tropico de Capricornio, se
acaba el calorcito y llegas a Alice Springs, el centro
geográfico de la isla. Parada de rigor, descanso y
salimos en busca de pistas y rutas alternativas a la Stuart
HW. Pedaleamos por las sierras de los West Macdonells
hasta el Simpson Gap, un corte espectacular en los muros
basálticos de estas montañas peladas. Aquí la rodilla
de Juli da su tercer y definitivo aviso. Juli no puede
continuar y nos volvemos a separar hasta la siguiente
cita en "la roca" Uluru. La pedalada sigue por las
pistas que atraviesan la garganta de Owens Springs. Mucha
cotorra, loro, cacatua, periquito. Los atardeceres son
ensordecedores con tanto chillido. A lo largo de un día
aciago con 9 pinchazos, llegamos al cruce de la Lesseter
HW, el desvío que en 250 km por el interior del desierto
te lleva hasta la roca. La primera visión de esta mole
arenisca paraliza. Era mediodía y presentaba un refulgente
color escarlata. Pero esta mamotrética piedra cambia
de color de forma espectacular a lo largo del día. Impresionante.
Juli llegó al día siguiente, y al mismo tiempo que Luis,
un madrileño que se había quedado con furgoneta y sin
novia en mitad de Australia. Luis también le pega al pedal,
y tras enterarse de nuestras vicisitudes nos propone un
cambio de roles: Juli en fregoneta y él en burra con Josetxu.
Dicho y hecho. Tras las visitas de rigor a Uluru al amanecer
y al atardecer, con un bicicleto nuevo, continúa la pedalada
hacia el sur.
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South Australia.
Por aquí olvídate incluso de los arbustitos: puro
hierbajo. Tuvimos un regalito con días de viento
a favor, que luego pasó a ser en contra, como no.
Eran los primeros 600 km de Luis ciclando con los
bicicletos. Al llegar a Coober Pedy, "la capital
del ópalo del pais", otra rodilla, esta vez la de
Luis, da su primer aviso. La temporada va de
tendinitis y dolores de rodilla. Desde aquí abandonamos
la Stuart HW por la Oodnadatta Track, una pista
que discurre paralela a la antigua línea férrea
que unia la costa sur con Alice Springs, la Old
Ghan. Entramos pedaleando sin alforjas Luis y Josetxu,
con Juli detrás pilotando la fregoneta. Pasamos
la Dog Fence, la valla más larga del mundo, que
recorre 5400 km desde la costa de South Australia
hasta la de Queensland. Esta valla de 1.4-2.4 m
de alta, separa físicamente las ovejas de los dingos,
los perros carnívoros depredadores del desierto.
Gracias a la valla, el dingo se salva de ser exterminado
por los ganaderos. Curiosidades.
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Entramos en la Great Basin, una inmensa cuenca lacustre
por debajo del nivel del mar, con el paisaje más árido
y seco de Australia, lleno de lagos salados, dunas y cantidad
de surgencias de agua que lega desde las montañas del
Great Dividing Range. En medio de esta desolación
se encuentra la granja ganadera de Anna Springs, la más
grande del mundo, con una extensión del tamaño de Bélgica.
Necesitan avionetas para controlar el ganado. Los helicópteros
se quedan chicos. Una pasada más de Oz.
El segundo día de pedalada la rodilla de Luis da su segundo
aviso. Juli al rescate y Josetxu vuelve a rodar sólo.
Nos separamos en William Creek, "la ciudad más pequeña
del pais", y quedamos de vernos en los Flinders, unas
montañas preciosas unos 500 km más al sur. Juli y Luis
van a dejar bidones de 5 l de agua para tener agua cada
80 km y facilitar la pedalada. Logística felpecta, todo
apunto y bajo control, hasta luego, muac, muac, nos vemos
en una semanita. Ja, ja, ja. Esa noche cae la del pulpo,
la pista se convierte en un barrizal sólo apto para 4WD
con cadenas. Josetxu la pasa debajo de un plástico mientras
Juli y Luis se quedan sin batería 13 km más adelante.
Los paisanos del lugar se lo hacen debuti y nos rescatan,
rejuntan y recargan la batería. En menos de 24 horas todos
juntos de nuevo. Al día siguiente salimos poco a poco
del barrizal, y tras menos de 50 km rompemos el eje delantero
de la fregoneta! Otro rescate, la grúa, el taller… Total:
unas 75.000 púas. Grrrrrrr.
Otra vez en la ruta Luis y Josetxu al pedal y Juli al
volante. Llegamos a los Flinders, montañas bonitas,
muchas pistas, mucho animalito, bosques de nuevo! Desque
aquí comienza el Mawson Trail, un circuito de más de 800
km de pistas que llegan hasta la misma ciudad de Adelaida,
que lo están acondicionando para convertirlo en un clásico
para cicloturistas. La rodilla de Luis da su tercer
aviso y otra vez: rescate, separación y cita. Seguimos
más o menos la misma ruta, que discurre por los valles
vinateros de Claire y Barossa con sus correspondientes
catas de vinos y visitas a las legendarias bodegas de
donde han salido esos caldos que tanto hemos degustado
en Australia: Yalumba, Stanley, De Bortoli. Hmmm.
Las viñas dan paso a las praderas llenas de vacas, borregos,
ovejas, y llamas y vicuñas! Aquí se le pega a todo bicho
que de lana. Cruzamos el río Murray y seguimos la costa
por el Coorong, un paisaje lleno de dunas y lagunas de
vivos colores. El invierno dice que no se retira y
llueve y graniza a diario. Son las conocidas showers,
o chaparrones de 10 minutos. Los justos para empaparte
si te pillan desprevenido y sin la chupa puesta. La intemperie,
como dice Juli. En el bonito pueblo de Mount Gambier nos
reencontramos y descansamos unos días. Quedan unos 600
km hasta Melbourne, la última tirada en esta isla.
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South Australia.
La costa que se extiende al este de Melbourne
y la bahía de Phillips, es una accidentada sucesión
de acantilados, islotes, bahías y calas que han
sido testigos de multitud de naufragios. Desde los
años de 1930s cuenta con una de las carreteras más
escénicas del mundo, la Great Ocean Road, que va
culebreando paralela al mar durante casi 400 km,
ofreciendo es-pec-ta-cu-la-res vistas. La ruta
atraviesa algunos de los vestigios de bosque tropical
del pais, y sube y baja por una sucesión de cabos
y playas que hacen las delicias de surferos, moteros,
domingueros y bicicleteros. Lo que comenzó como
un proyecto para dar empleo a los cientos de veteranos
australianos de la Primera Guerra Mundial, ahora
se ha convertido en uno de los mayores destinos
turísticos del estado de Victoria. Los 100 primeros
km más próximos a Melbourne tienen menos sabor,
pues están bastante urbanizados. Pero el resto merece
mucho la pena. Las imágenes de los 12 Apóstoles,
el cabo Otway, los milenarios mirtos y helechos
gigantes de los bosques húmedos, las pistas que
discurren por el itinerario original…La verdad
es que es una de esas rutas clásicas que si puedes
te la apuntas en las piernas.
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En Torqay, a menos de 100 km de Melbourne, se acaba la
Great Ocean Road y se juntan los bicicletos. Entramos
en la segunda ciudad de este pais, bastante grandecita,
donde nos esperan "los Growler", los Gruñones. Monica
es ozzie y Mike de la isla de Jersey. Con él pedaleó Josetxu
un par de semanas en Mali en Noviembre de 2001. Desde
entonces estamos en contacto y ahora nos podemos ver otra
vez las caras. Todo un gustazo. A los dos días llegó Miguel
Angel, el hermano de Juli, en su IV visita a los bicicletos.
Va el primero en el ranking. Otro gustazo más que viene
con regalitos, cartas, noticias, cotilleos… Que bueno
que viniste Miguelón. Y bueno, el último gustazo fue haber
conocido a Luis, que se marchó con su fregoneta camino
a Sydney y de allí de vuelta a Madrid. Detrás nos dejó
un regalito (dos pares de parrillas delanteras y de camisetas)
y las ganas de volver a pedalear juntos con las rodillas
a punto.
Tasmania.
Y tanto que nos habia dicho que era muy bonita para la
bici, que si el demonio, que si patatín, que si patatán,
que nos fuimos pa´Tasmania. Desde que salimos de Madrid,
aquel otoño lluvioso del 99, no habíamos tenido tan mal
tiempo. Las showers pasaron a ser temporales, los vientos
se convirtieron en galernas y los fríos trajeron nevadas.
Pedalear bajo la nieve no mola nada, sobre todo si luego
tienes que poner la tienda por ahi… Josetxu se adelantó
una semanita para rular en bici, mientras los Hermanos
Martinez se paseaban por Victoria. La ruta desde Hobart
a Strahan, ya en la costa oeste, a pesar de las nevadas
y las lluvias, los vientos y un pequeño accidente (besar
el suelo y tres salamis), y algún que otro momento "delicado",
nos enseñó bastante bien como es esta isla: montes
y bosques, lagos y cascadas, mucho verde y mucha agua.
Con tanta lluvia la ruta fue casi siempre por asfalto,
pero incluso por las pistas, en su mayoría de grava, se
rodaba muy bien.
Saliendo de Strahan la lluvia arrecia y tras dos días
pasados por agua, los Martinez llegan al rescate del ciclista
con un cochecito, en un hotelito muy cuco, con chimenea
y varias cervezas por degustar. Y así continuamos la visita
a la isla: la bici dentro del coche, y paseítos por los
Parques Naturales, cantando bajo la lluvia, picnics con
paellita aquí e hígadito encebollao allá, quesito de Tasmania
allí y vinito de Victoria acullá. Las tormentas no parecían
tan. Miguel se regresa y nos regala una semanita más de
alquiler de coche. Hasta la próxima Miguel y lo dicho,
muchas gracias. Nosotros seguimos explorando Tasmania
y las nubes siguen lloviendo. Así que más picnics y trekkings.
El ultimo dia que anduvimos por Tasmania merece contar
la anecdota. Al atardecer subimos al monte Wellington,
justo encima de Hobart, la capital de la isla. La vista
es de esas de postal, pero alli arriba el viento te corta
el cutis. Salimos corriendo del coche para la foto de
rigor y Juli se olvida las llaves dentro. No hay copia
y solo quedan dos coches mas en el estacionamiento. Llega
una pareja y el tipo se lo hace debuti y nos abre el coche
con una percha! En un arrebato euforico Juli le da un
abrazo y todo, cosa poco usual en estas latitudes. Ya
dentro del coche intentamos arrancarlo y nada. Resulta
que hay una mega-antena en la cumbre que crea un flujo
magnetoestatico que nos impide desconectar el bloqueo
de la bateria! Joder!!! El ultimo coche que resta es un
campechano padre con dos niños. Entre todos empujamos
el coche hasta salir del circulo electromistico y por
fin arrancamos pero... casi no tenemos gasolina! Bajamos
las cuestas ya de noche, sin tocar el acelerador y con
los dedos cruzados. En mitad de la angustia, creemos haber
visto un demonio de Tasmania cruzarse en la carretera.
Todo acabo bien, incluso elegimos una gasolinera Ampol
en vez de una Caltex, para no darle mas duros a Bush.
Regresamos a Melbourne, al albergue de los Gruñones.
Hacer otra vez las maletas, meter la bici en una caja,
comer carne de canguro, ver videos y beber vino con Monica
y Mike. Muchas más gracias. Bueno Mike, a ver si volvemos
a rodar juntos! Y después de noventa días por esta
isla-continente, nos vamos a por las antípodas.
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FICHA
TECNICA: dónde llevar tanta agua.
Vimos un par de casos en
que llevaban bidones de 10 litros y más. El problema
es cómo llevar tanta agua para cruzar el desierto.
Lo primero es olvidarse de los botellines de 3/4
de litro y pasarse a las botellas de 1.5 litros,
de plástico PET (las típicas de Coca-Cola), que
se pueden plegar y entran perfectamente en los botelleros
normales para bicicletas. Y lo segundo es llenar
el cuadro de botelleros para evitar sobrecargar
las parrilas y repartir mejor el peso del agua.
Se pueden poner dos en el interior del cuadro,
uno o dos por debajo de la barra diagonal dependiendo
del tamaño del cuadro, uno en la potencia del manillar,
otro en la tija del sillín, uno a cada lado de la
horquilla delantera…
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