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PERUPE.
Seguimos por los Andes. Perú es otro de
esos paraísos para la bici. El número
de trochas y posibles itinerarios es enorme. Nosotros
rodamos aquí uno de los tramos más punkies
del viaje: Cusco-Ayacucho. Nos hizo frío
y mal tiempo por el altiplano, con muchos días
de viento en contra, como no. Ya en la costa el viento
soplaba de cola y mejoró el meteoro. En
general en Perú encuentras tres biosistemas: costa,
sierra y selva, con sus tres climas, tres gentes y tres
paisajes. Hay variedad. Eso sí, una de
las cosas comunes es como saludan l@s peruan@s a los ciclistas.
Cuando les dices hola ell@s contestan: “gringo”.
Es la de arena.
Pero tuvimos muchas de cal. Nos encontramos en Cusco
con los ‘Utamas’ Sacha y Emilio, artistas
argentinos que ya habíamos conocido meses atrás.
Pudimos vernos otra vez con Pako en Huaraz, que con ‘el
rubio’, uno de sus colegas de Vallekas, bajaban
de una buena pateada de la Cordillera Blanca. Estas montañas
son de las más bonitas que hemos visto en los Andes,
y de seguro, de las más bonitas del mundo. Aquí
nos cruzamos con Lucky, Mona y Claudio..., más
ciclistas por los Andes. Y también nos volvimos
a encontrar un par de veces con el japonés incombustible,
Daisuke Nakasiki (home.att.ne.jp/orange/Toshi), en Huaraz
y en Trujillo. Tomad nota: En Trujillo, hay que
visitar un sitio de esos increíbles, la Casa Amistad,
una casa de ciclistas de la mano de Lucho, Araceli, Angélica
y Luna, y donde conocimos a Fabrizio, Tania y
Gwendal, y mucha gente de allá. Un hogar, vamos.
Perú es la tierra de los incas, pero también
la de los moches, recuay, huaris, chimus... Das una patada
a una piedra y debajo hay una cultura. Sin duda
la cultura inca fue la más extendida y desarrollada,
y se alimentó de todas aquellas que residían
en su área de influencia, el Tahuantinsuyo, que
corría desde el sur de Colombia hasta el centro
de Chile. A lo largo de la cordillera no es difícil
andar o rodar por un antiguo camino inca o alucinar con
las elaboradas construcciones de fortalezas o ciudades.
La perla es Macchu Picchu, muy bien conservada porque
fue pasada por alto por la ola destructiva de los conquistadores
españoles. Peor suerte llevó Qosqo,
‘el ombligo del mundo’ en quechua
y capital del imperio inca. El anterior esplendor
ahora está reconvertido en iglesias y palacios
y otras muestras de los invasores. A pesar de
todo, el Cusco y sus alrededores siguen siendo uno de
los sitios arqueológicos más importantes
del mundo.
A la furia de la colonia siguieron y volvieron
momentos de gloria para la historia latina: el inca Tupac
Amaru, los Libertadores Bolívar y San Martín...
y luego más conflictos y desgracias: guerras
contra Ecuador y Chile, dictadores militares y luego Alan
García, Fujimori y ahora Toledo. Actualmente el
presidente peruano es el más impopular de toda
Latinoamérica, pero piensa agotar su legislatura.
En fin, Historia e historias convulsas. Cal y arena para
todos los gustos. Y sus vecinos del sur dicen ‘po’,
pero por aquí dicen ‘pe’.
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El
altiplano.
La frontera con Bolivia está en las orillas
del sur del lago Titicaca. La ruta sigue por asfalto,
con frío, lluvias y viento en contra.
Pasamos por Juli, un pueblo tocayo de uno de los
veteranos del grupo. Frente a Puno se encuentran
inmensos cañales de totora. Con este junco
fabrican piraguas e incluso pequeñas casas
flotantes. Nos vamos cruzando con más
ciclistas ‘pesados’ que van camino al
sur y llevan viento de cola: un alemán con
una tasmana, una pareja de kiwis, una quebeçoise
en solo... A medida que nos acercamos al
Cusco aparecen ciudades, terrazas y antiguos asentamientos
incas. Pasamos la Puerta del Inca y entre olores
de cuyes al horno y pachamancas olemos ‘el
ombligo del mundo’, Qosqo, el Cusco.
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Al poco de llegar nos vamos a Mollepata y hacemos
una espectacular caminata de cuatro días por el
Salkantay para llegar a Macchu Picchu. Visita
obligatoria a la Ciudad Perdida de los incas. Ya saes,
im-presionante. Si no quieres seguir gastándote
un chorro de dólares, puedes visitar los alrededores
del Cusco, que están repletitos de muestras de
la cultura inca. De bajada de la Ciudad Perdida, visitamos
a Sacha y Emilio, que durante un mes han estado trabajando
para una exposición que tendrán en el Museo
de Arte Contemporáneo. Como dice Sacha, esta ciudad
es ‘tildante’. La final de la Recopa
Sudamericana enfrenta al Cienciano, el equipo del Cusco,
con el archifamoso Boca Juniors. Todo se detiene para
ver el partido y la euforia salta a las calles con la
segunda victoria consecutiva del Cienciano. ‘Upa,
upa, upa, pá, el Cienciano es el papá’.
Miles de personas inundan el centro y por allí
nos mezclamos un rato. Bestial.
Del Cusco a Huánuco.
Empezamos una tirada de 560 km hasta Ayacucho.
Este será uno de los tramos más duros que
hemos hecho en todo el viaje. Tras dos pequeños
puertos por el altiplano, hacemos un descenso brutal hasta
las orillas del río Apurímac. De
aquí hasta el abra Ampay serán casi 60 km
de asfalto. Pero los siguientes tres
pasos serán por trochas de diferentes condiciones,
desde muy buenas a muy malas. ¡Y uno de ellos es
de 85 km cuesta arriba! Vamos entrando en materia
con la orografía de la cordillera: largas subidas
y bajadas infernales que te rompen el poto. El paisaje
de profundísimos valles es cortado frecuentemente
por las señales de los ‘huaycos’. Estos
tremendos desprendimientos de tierra arañan las
laderas de las montañas andinas en una avalancha
destructiva que más de una vez ha arrasado poblaciones
enteras.
La llegada a Ayacucho es por una trocha destrozada
y polvorienta, pero ya es la ‘última’.
Dos días de descanso nos permiten disfrutar de
una de las ciudades con estilo colonial más bonitas
que hemos visto en Perú. Seguimos rumbo
al norte. Cada vez encontramos más asfalto en la
ruta, pero las cuestas no se acaban. En Huancayo nos quedamos
en la casa de los Quispe y por fin probamos la pachamanca
y el cuy. Salimos en asfalto por un paisaje rodeados
de fértiles plantaciones, para meternos en un cañón
que acaba en La Oroya, uno de esos paisajes apocalípticos
llenos de chimeneas, minas, trenes, fundiciones y humos.
Seguimos remontando el río Mantaro hasta su nacimiento
en la laguna de Junín, escenario de la gran derrota
de las tropas coloniales, que desembocaron en la independencia
del Perú. Las pampas desiertas llegan hasta
los 4300m, donde se asienta Cerro de Pasco, la capital
departamental más alta del país, pasamos
el paso del Yontas de 4838 mts. A pesar de la
rudeza del clima, hay poblaciones a todo lo largo de la
ruta. Desde aquí hasta los 1800m, un laaaaargo
descenso para disfrutar, sólo interrumpido por
los numerosos perros que te suelen atacar por las carreteras
peruanas. Brrrrrr. Así llegamos a Huánuco.
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Selva
y cordillera.
Dejamos las burras en Huánuco y nos
subimos en un autobús para ir a conocer la
selva. Ya en Pucallpa, ciudad ruidosa como
pocas, se nota el calor, los mosquitos y el verdor
a orillas del Ucayali, uno de los grandes tributarios
del Amazonas. Tenemos un contacto de un
chaman shipibo, que nos enseñará a
tomar ayahuasca. Un viaje más dentro del
viaje. Muy, muy recomendable. Tras pasar
una semanita con don Antonio y su familia, volvemos
a Huánuco a continuar la pedalada.
En cuatro días volvemos a estar
a más de 4300m, cruzando el Paso Yanashalla,
entre la Cordillera Blanca y la de Huayhuash.
Se sube poco a poco, con días lluviosos,
atravesando valles, cañones y poblaciones
suspendidas en las laderas. Al final sólo
hay minas y el filo rocoso de los cerros. Un
paso más y alcanzamos la laguna de Conococha,
donde nace el río Santa, que discurre encajonado
entre las cordilleras Negra y Blanca. A ratos se
abre el cielo y empezamos a flipar: Pastoruri, Huascarán,
Huandoy. Llegamos a Huaraz. Aquí,
una buena colección de pirámides de
hielo y roca de más de 6000m hacen las delicias
de andinistas, escaladores, ciclistas y montañeros.
De lo más recomendable de los Andes.
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En Huaraz nos quedamos en la casa de la familia
de Eugenio, el profesor de música de Guy, nuestro
bicicleto gabatxo, con el que rodamos la isla sur de Nueva
Zelanda. Volvemos a vernos con el japonés
de moda, Daisuke, que nos pasa mucha info y contactos.
Arigato. También coincidimos con Pako y el ‘Rubio’,
que bajan de una semanita de pateo y alucine. Despedida
y cerveza, y cerveza, y cerveza... Menos mal que al Rubio
no le gusta la cerveza. Puede que ésta sea la última
vez que veamos a Pako en Sudamérica. En fin hermano,
que te podemos decir. Muchos besos y hasta la próxima.
Hacemos una pequeña caminata a la laguna
Parón por una de las muchas quebradas de la Blanca.
Ya empiezan las tormentas y sólo a ratos, podemos
ver las cumbres que cierran el circo glaciar: Artesonraju,
la Pirámide de Garcilaso, Chacraraju, Pisco.
Vale la pena aguantar los granizos para esos fugaces momentos.
De vuelta en Huaraz conocemos a Lucky (Ecuador),
Mona y Claudio (Colombia), y Bumer (Perro). Ellos van
al sur y nosotros al norte. Cambio de info, contactos
y la perpetua esperanza de ‘volver a vernos’.
Dato: Bumer es un labrador de 45 kilitos.
De carácter tranquilo y volcado al logro, como
dijo aquel. Su viaje está auspiciado por Purina
y las piernas de Claudio y los cuidados de Mona y Lucky.
Vivir para ver, y si queréis más: www.digitalware.com.co/americaenbici/travesia.htm
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Continuamos
el curso del río Santa. El asfalto acaba
en el cañón del Pato, donde
a lo largo de una estrechez de unos 15m, las aguas
buscan su camino al mar. Más de 30
túneles, algunos en curva, alguno de más
de 100m de largo, y muchos metros esculpidos en
roca viva, dan sabor al descenso. ¡Ojo!
Los desprendimientos de piedras son muy comunes:
casco y luz en los túneles. El cañón
se va abriendo y las aguas del Santa bajan negras
de mineral. Ya cerca de la costa, gran parte de
este caudal se utiliza en una vasta red de canales
de riego, que llegan más allá de Trujillo,
es el proyecto Chavimochic. Seguimos los caminos
de este complejo hidraúlico para atajar unos
cuantos km de la Panamericana. Tomando como
modelo los canales de las ancestrales culturas pre-incas,
los peruanos han logrado transformar la desértica
costa en un huerto de más de 100 km de largo,
donde plantan fruta, hortalizas, caña de
azúcar. Un vergel. Ya pisando de nuevo asfalto,
llegamos a Trujillo.
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La costa
norte.
En Trujillo existe una Casa de Ciclistas
con más de 20 años y 600 ciclistas
de historias (www.geocities.com/casadeciclistasperutrujillo).
Es la Casa Amistad de Lucho (ciclista de competición
y mecánico), Araceli (pastelería e
intendencia), Angélica (colegiala y la niña
de la casa), y Luna (la perrita de la niña
y guardiana). Aquí cruzamos y compartimos
rutas con Fabrizio (Brasil), y con Tania y Gwendal
(Canada, www.antipodes-expeditions.com). No podemos
resumir el ritmo de vida y encrucijada de gente
de este ya, histórico lugar para la peña
de la ruta. Muchísimas gracias y hasta la
siguiente. Visitamos las ruinas de la ciudad
de Chan Chan, capital de la cultura chimú,
siguiendo la rueda de Lucho y ‘Pecho’.
La extensión de Chan Chan era de
más de 20 km2 y gran parte de ellas pueden
ser recorridas en bici. Cultura y diversión
de nuevo. También visitamos las Huacas del
Sol y de la Luna, los templos más grandiosos
de la cultura moche. Ambas civilizaciones desarrollaron
enormes pirámides y construcciones en adobe,
así como un laborioso sistema de canales
que aprovechaban los cursos de agua que llegan desde
la cordillera. Finalmente, a finales del siglo XV
los incas conquistaron el área, que tuvo
que esperar unos pocos años más la
llegada de los españoles para conocer la
destrucción y el pillaje. Sin comentarios.
Juli no se aguanta las ganas de bucear y se lanza
a las islas Galápagos. Josetxu sale
a la carretera junto con Tania y Gwendal.
Los de Vancouver van en tandem desde Ushuaia hasta
Inunik, desde el sur del sur al norte del norte,
en año y medio de travesía integral
de América. Rodar detrás del tandem
es llevadero, con muchas dificultades de seguirlos
cuesta abajo, y dándoles cera en las subidas.
En Chiclayo pasamos por la casa de ciclistas
de Javier, que lleva 3 años recibiendo viajeros.
Desde aquí hay dos opciones, la Panamericana
Vieja y la Nueva. Tomamos ésta para
atravesar los 220 km de desierto de Sechura que
nos dejan en Piura. Por la mañana
el viento sopla del oeste, de lado, pero va rolando
a suroeste por la tarde, lo que te deja ‘volar’
sobre el asfalto unas horitas antes de acampar.
Hay 3 puntos donde conseguir agua y comida, pero
mejor llevar agua extra.
Descanso en Piura, comilona y cervezona,
y rumbo al norte. En Sullana nos separamos.
Los antípodos siguen la Panamericana por
la costa, y el bicicleto busca la cordillera y las
montañas del sur de Ecuador. Campos de mangos,
ciruelos, piñas, dejan paso a algarrobos
y acacias. El bosque seco tiene aquí los
ceibos, un árbol muy similar al baobab africano,
pero de corteza verde, con la que consigue fotosintetizar
cuando se le caen las hojas. La carretera
empieza a subir, y tras una colina llegamos a la
frontera. Al otro lado las montañas se ven
verdes. Cambio de país y de color.
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| FICHA
TÉCNICA: Comedores populares.
Uno de los países con mayor variedad de platos
que hemos conocido durante el viaje. Un almuerzo
consta de sopa, segundo y refresco, a veces incluso
postre, y suele costar alrededor de 2-3 nuevos soles
(0.5-0.7 euros). Pero en casi todos los pueblos
grandes y en las ciudades, encontrareis comedores
populares, del Estado o de colectivos de madres,
instituciones benéficas, etc. Aquí
se puede comer bien por 1-2 nuevos soles. Tremendo.
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