| En la
loca Locombia cambió un poco mucho la alineación
del equipo de los bicicletos. Contamos con la incorporación
de una nueva ciclista, Crisa, que cambió sus planes
de rodar el Perú para unirse a Juli en la ruta.
Y se separó la “pareja más estable”
del grupo. Tras más de cinco años pedaleando
juntos, Josetxu y Juli se separaron. Josetxu
se quedó sin plata y se puso a currar en Quito,
mientras Juli le dejaba “con otra”. Fue un
bonito culebrón. Luego de despedida, Pepe
bajó de Vancouver y Josetxu subió de Quito
y nos juntamos con el Juli en Santa Marta, para una parranda
de unos pocos días de clausura del viaje de Juli.
Despedida inolvidable. Luego cada mochuelo a
su olivo, Juli de vuelta a Madrid, Pepe al Canadá
y Josetxu al Ecuador. Tras una parada de 8 meses currando
y de visita a la amatxu, Josetxu siguió la ruta
locombiana.
Desde que Bolívar consiguió la
independencia, Colombia no ha tenido más que un
dictador militar unos pocos meses, lo que es una gran
excepción dentro del panorama latino. Eso sí,
nunca faltó el plomo, la chumbimba...
Hubo violencia en los 50 entre liberales y conservadores,
en los 90 entre narcos, ahora con paracos y guerrillos.
Y eso que beben de los mejores cafés del mundo.
Quizás sea por eso. Ahora vuela la sombra del águila
del norte sobre Locombia, metiendo dólares al Plan
Colombia y a la solución militar del conflicto.
El diálogo cada vez más chiquito, qué
pena. Eso sí, la intención de voto para
la reelección de Uribe era de más del 80%.
Y es que la gente está hasta los…
A pesar de todo, creemos que es necesario dedicarle
un elogio a este país tan bonito y con gente tan
bacana, y animar a tod@s a visitarlo y pedalearlo y disfrutarlo
como hicimos nosotros y muchos más. La situación
política actual es complicada pero no excluye a
los amantes del ciclismo pesado. Viva Locombia, pues.
EntrandoPasto –
Popayán..
Entramos por Tulcán (Ecuador), por la
panamericana. El control es un poco tortuoso:
piden pasaje de regreso, ven la bicla con desconfianza
... Así que toca echar lengua para convencerlos
de que vas de paso a Venezuela y necesitas 90 días
de permiso. Aquí es también donde se debe
realizar los cambios de dólares a pesos, es el
lugar indicado y el que más favorece en el cambio.
Tras la cuestita a Ipiales nos dirigimos al primer
plato fuerte: el alto “La Cova Negra”
que está en la mitad del camino entre Ipiales y
Pasto. Muy cerca está el santuario de la Virgen
de las Lajas al que por supuesto no fuimos. La primera
población que te encuentras luego en el camino
es San Juan; el típico lugar de paso, donde la
gente para a comer y los camioneros se pegan los tragos.
Lúgubre. Luego de San Juan está el pequeño
caserío La Delicia y a partir de ahí, el
pedaleo es en solitario porque no hay mayor cosa sino
cuesta y montaña. El viento te hace compañía.
Durante los 45 km. la cordillera empieza a sentirse pero
al compartirla con ciclistas colombianos de diversas edades,
aficionados y de competencia, las cosas se hacen más
suaves y lo mejor de lo mejor es que muchos de ellos son
ya de edad y tienen un físico que te cagas. Con
ese físico y sus ciclas de ruta conversan un rato
y arrancan, en fuga como Botero en el tour de Francia.
Después del alto a tirar para abajo. Te encuentras
con los nombres de Borojó y Tunga, que suenan a
bebida, placer y rumba. Hay viento y a veces muy fuerte.
Hace frío y se ve la resequedad del monte. El musgo
cuelga de las montañas. La carretera es estrecha
y los automóviles, buses y demás atentan
como siempre contra cualquier otro vehículo que
no tenga carrocería. Pasto está
en un pequeño valle, donde el sol se esconde siempre.
Pasto Deportes, el ente autónomo de la alcadía
de Pasto, nos recibió y nos proporcionó
alojamiento gratuito. Gracias. Su arquitectura
es simpática en el centro. La plaza es grande y
a su alrededor están los mil bancos y los mil casinos.
La calle principal está llena de todo tipo de mercadería.
Si algo te falla en la cicla, es el lugar para obtener
el repuesto y arreglarlo.
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En Popayán
con Mauricio.
Muy cerca de Popayán se encuentra Timbío.
Normalmente acostumbramos a hacer una parada antes de
llegar a ciudades grandes para entrar a ellas por la mañana.
Bueno esta vez, la primera en el camino, nos cogió
la lluvia y también el control militar.
Nos revisaron por encima, pero nada del otro mundo. Las
carreteras colombianas en general, con la política
de seguridad de Uribe se encuentran militarizadas, especialmente
en lugares conflictivos.
Popayán, capital del Departamento del
Cauca, es la ciudad de los intelectuales, de
las universidades, de la blancura y del puente del Destripadero
o del Humilladero. Este puente es un símbolo digno
de ir a verlo, primero por su arquitectura en piedra y
segundo por su significado, pues es allí donde
en época de la colonia se latigaba a los indios.
El parque central es más acogedor. Es la primera
bienvenida, el lugar donde la gente se te acerca y te
hace preguntas, donde están los viejitos leyendo,
las prostitutas descansando, los niños correteando,
los vendedores vendiendo y los ciclistas esperando a los
ciclistas. (Mauricio y Juancho) También el señor
de las fotos y eso. Tiene ese aire de antes que descansa
bajo la sombra de los árboles. Popayán desempeñó
un papel importante en época de la colonia, fue
un sitio estratégico por encontrarse en el camino
entre Cartagena, al norte, y Quito y Lima al Sur. Para
nosotros también fue estratégico por encontrarse
entre el frío de Pasto y el calor insoportable
de Cali, así que ahí paramos a descansar
la nochebuena, un lugar ideal por el aire fresco y la
tranquilidad. Y todo gracias a la hospitalidad de Mauricio
y su familia.
En los alrededores de Popayán puedes visitar la
cultura precolombina de San Agustín, en las orillas
del Alto Magdalena, departamento de Huila. La riqueza
y expresividad de sus esculturas es impresionante: estatuas,
tallas de piedra, sarcófagos, monolítos
y petroglifos con representaciones humanas, animales y
de seres míticos. Visita recomendable y muy interesante
de hacer en bicla, aunque nosotros fuimos en bus, pues
hay termas y unos páramos preciosos por el camino.
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Popayán
– Armenia.
135 km hasta Cali. Son columpios al salir de Popayán
y luego de unos 80 km, una extensa planada cañaveral
en la que por primera vez Crisa experimentó
ir delante a todo pedal. Muy bonita al comienzo
y luego algo monótona. Cali es una
rumba, especialmente si está de fiesta. Bueno
en general Colombia es una rumba este o no esté
de fiesta y más en las épocas navideñas
que fueron en las que nosotros viajamos: todo estaba
prendido. Y tómenlo literalmente
porque las luces y arreglos navideños son
característicos de Colombia. Hay una especie
de vehemencia por enlucir todo y acrecentar la cuenta
de la luz de los colombianos. Bueno, una expresión
magna de la navidad.
Se empezaron entonces a cumplir los decires de
las canciones: “Cali, pachanguero, oiga mire,
vea, véngase a Cali pa’ que vea y aquel
de que en Cali no hay feas. Cali es la capital
de la salsa y es también la cuna del buen
teatro colombiano. Aquí nació Enrique
Buenaventura, uno de los viejos teatreros con una
gran trayectoria en este arte, el padre del teatro
experimental, quien fundó el TEC.
La actividad cultural aquí es notoria, hay
exhibiciones artísticas constantes, exposiciones
y teatros permanentes, cuenteros por doquier…
Tambíen es tierra de narcos. Cuando pasamos
había guerra entre ellos, pero la rumba preponderaba.
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Hasta Armenia quedan 195 km. Salir de Cali fue difícil
por que todas las calles se parecen y los puntos de referencia
son pocos. Nos demoró también en la salida
la compra de la benzina para la cocina. Para poder comprarla
tuvimos que sacar copias del pasaporte y todo.
Salir estuvo lleno de este tipo de sorpresas: primero
lo de la benzina, y luego el olor insoportable de Yumbo
por la contaminación industrial. Incontables cabarets,
moteles y demás jalonan la carretera, algunos.
con unos nombres muy graciosos: las veraniegas, las gatitas...
A lo largo de la carretera “panorama” encontramos
graffitis en contra de la Nestlé. De Buga hacia
Andalucía una pequeña subida y un calorcito
fuerte, extenuante. 110 km. de rodar a tope, con ganas
de parar. En el camino mucha chiva, leche de chiva y lechones
“al piso”. El fin de año se acercaba
en ese momento y nuestros queridos marranos son parte
del festejo.
En Armenia
con Gonzalo “el perro”.
Armenia nos esperaba y con esa certeza de tener a alguien
que nos recibiera a la entrada del Quindío pues
íbamos relajados. Este tramo es muy bonito,
el paisaje es maravilloso, el verde en todas sus facetas,
el aire más puro, y el clima templado, el cielo
azul, árboles gigantes y floridos, guaduales, bananos,
cafetales, flores amarillas y tomates. Armenia es la capital
del Quindío y fue un lugar estratégico para
el comercio de los quimbayas. La belleza aquí enmudece
y no hay palabras para describirla, no se diga la calidez
de la gente. Podemos decir que en Armenia se
conjuga todo lo que es Colombia, desde la culinaria, la
estética, la rumba, la cultura, y la magia. La
palma de cera, la planta nacional colombiana, se encuentra
bien conservada en el próximo valle de Cocora.
Esta región conjuntamente con Caldas y Risaralda
forman el “eje cafetero”, y producen la mayor
parte del café nacional, principal producto de
exportación del país.
Cuando estuvimos aquí era época
de fin de año y la pasamos con la familia del entrañable
Gonzalo, así que había marrano en todas
sus formas, aguardiente “a la lata” como dicen
los colombianos, cerveza, ron, natilla, buñuelos
y no puedo seguir enumerando la cantidad de manjares que
probamos aquella vez. Y de los rituales estos de fin de
año pues todos los que puedan imaginar: la tanguita
de color amarillo para la buena suerte, la vuelta de la
maleta para viajar; las velitas de colores, la espiga
de trigo, las lentejas en el bolsillo del pantalón,
el arroz, las uvas y la carta..., despedida del año.
De los años de violencia entre godos y
conservadores pudimos enterarnos también a partir
de una historia local de la creación del Cementerio
libre en Circasia. Simbólicamente representa mucho,
pues en él, su creador depositó sus ideales
de libertad y llevó adelante una lucha en contra
de la iglesia para instituir un lugar donde se pudiera
sepultar sin religión, credos ni prejuicios
de ningún tipo. Así, en esa época,
los suicidas, las prostitutas y homosexuales tuvieron
un lugar donde poder descansar. Para ser coherentes con
la vida, en el cementerio libre se enterraba a la a los
muertos parados, en forma vertical: pues si así
nacimos, decían, parados tenemos que morir.
Armenia
– Medellín.
Fue duro decirle adiós a Armenia
y su gente, pero así, llenos de
abrazos como estábamos pudimos partir. Teníamos
54 km. por delante pues en Santa Rosa del Cabal
era nuestra siguiente parada. Cominos bajo el viaducto
de Pereira, el lugar más peligroso según
todo el mundo pero a su vez el lugar donde encontramos
una planicie cubierta, donde un submundo de “desechables”
nos acogió también. De Pereira
en adelante está la subida del Boquerón,
de apenas 10 km pero de fuerte desnivel. Hacía
calor, habían miles de autos y buses en la
vía y sí que hizo sudar. La
verdad es que nos hubiese gustado mucho quedarnos
más días aquí, especialmente
por Fabio y Cristina que nos acogieron en su casa,
pero también por los frailejones de su páramo
y las aguas termales.
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Hicimos la primera parada en la Pintada, al lado
de un lavadero de carros en el que nos tocó
dormir. Soportamos ruidos de camiones toda la noche
y ese tronar apacible del Cauca, que a decir de
Fernando Vallejo es un río demasiado malgeniado
y torrentoso. Todo un señor río “arrastracadáveres”.
El segundo tramo lo hicimos de La Pintada a Montenegro.
El paisaje es alucinante. Están los farallones
y luego las ensenadas y las dos quebradas profundas
inundadas de cafetos. Fruta por todo lado
y agua, otra vez agua. En Montenegro paramos por
una pequeña llovizna. Otra vez fuimos acogidos
por niños y escuchamos la historia de un
ciclista alemán que algún día
también pasó por ahí.
La ciudad de la eterna primavera estaba
cerca, pero delante el Alto de la Mina y sus. 42
km. De pedalear en plato chico y de añorar
el agua. Probamos las más ricas piñas,
las naranjas más dulces y los mangos más
refrescantes. Para esto ya sabíamos distinguir
perfectamente el sonido de los buses, de los autos
y de las mulas, así que no hubo tanto problema.
Hicimos cumbre y empezamos a sentir frío.
Un café fue necesarísimo.
Y de ahí el descenso y una pequeña
subida para entrar a Medallo, el lugar donde Colombia
se transforma en Locombia.
En Medellín.
Medallo, Metrallo, Metrallín. Recomendamos
leer antes “El Contrasueño” de
Carlos Sánchez Ocampo, “Rosario Tijeras”
de Jorge Franco, y “La Parábola de
Pablo” de Alonso Salazar. Bueno saber que
Medellín le espera a uno es suficiente para
pedalear con alegría a pesar del gran alto
que toca atravesar. Medellín es la
capital de Antioquia y reposa en el valle de Aburrá,
donde el sol encontró su estado de perfección.
No sé si a eso se deba la inteligencia de
su gente, pero la verdad es que aquí se siente
la viveza en el buen sentido de la palabra, la palabrería,
en el buen sentido de la palabra, la algarabía
y la alegría, todo lo terminado en ía.
La Bastilla es un comercio de tres pisos donde puedes
encontrar los libros usados que hemos comentado.
En Medellín tienes todo, desde cine hasta
las gordas de Botero en el parque Berrio. La Casa
de la cultura, museos, iglesias...., pero el sub-mundo,
la rumba, la bohemia, el arte en todas sus expresiones
es lo propio de este antro. Solo súbete al
metro, bájate en Berrío y camina un
poco al Parque del Guanábano, compra una
birra y disfruta. Si te quedan ganas de caminar
otro poco vé a San Antonio donde se encuentran
los pájaros de Botero, uno de ellos destruido
por un atentado y su réplica donada por el
autor. Recorre Guayaquil con algo de cuidado y visita
si es posible el cementerio de Montesacro, donde
reposa Pablo Escobar. Toma un bus y sube a Santa
Elena si quieres frío, rock, ska o algo alternativo.
Y si prefieres la salsa, el tango, la cumbia o el
vallenato, en el centro y sus sitios tradicionales
verás fotos del joven Gardel y remembranzas
a los grandes músicos colombianos. No decimos
más. Tras los momentos intensos,
las despedidas ligeras, Juli sigue hacia la costa
y Crisa se regresa a Quito. No sabemos donde ni
cuando volverán esos abracitos…
Juli cuelga la bici y la deposita en un
autobus dirección al caribe colombiano desde
donde se volvera a España. No sin
antes pasarse por grandioso carnaval de Barranquilla
y el Paque Nacional Tayrona, donde se reunen
los tres bicicletos para despedir a Juli. Mejor
despedida imposible. Sniff, sniff.. Han sido mas
de cinco años pedaleando.
Saliendo
Txu.
Josetxu siguió casi un año
después la misma ruta, y
en Medallo se junta a un grupo de ciclistas de Santa
Rosa del Cabal que iban hasta la costa caribeña
con coche de apoyo. Alforjas fuera y a
rodar como posesos por las últimas pendientes
de los Andes. El primer día fueron 130 km
de montaña hasta Yarumal. Pasable. El segundo
subimos el Alto de la Ventana y vemos como la cordillera
central andina cede altura y comienzan las tierras
calientes. Ese día fueron 165km, de los cuales
rodamos a una media de 35-40 km/h como 100. Demasiado
para un bicicleto. Las últimas horas me desmarco
del ritmo trepidante y paseo por las riberas del
río Cauca escuchando musiquita y parando
a ratos.
El tercer día sigue el ritmo desbocado y
sólo aguanto un par de horas. La etapa son
150 km y me descuelgo rápido. El
cuarto día llegamos a Sincelejo y mis compañeros
de ruta se desvían hacia la costa mientras
que yo sigo hacia Mompox. Mompox es una
joyita colonial a orillas del río Magdalena.
Allí se contabilizaba todo el oro y la plata
que se extraía del interior y bajaba por
el río. El Magdalena cambió su curso
y ahora se encuentra en una isla. Un buen sitio
para relajarse y no hacer mucho.
De vuelta a los pedales en dos días
llego a Cartagena, una ciudad ya muy grande,
que alberga un antiguo casco colonial de los mejores
de toda Latinoamérica. Su clima caribeño
le avala como primer destino turístico del
país, tanto nacional como extranjero, así
que esperaros cualquier cosa. Tras recibir
la acostumbrada falta de colaboración por
parte del Centro Cultural Español, me dispongo
a saltar a Centroamérica. Muchos
yates deportivos realizan la travesía a las
islas de San Blas, en Panamá. Pocos llegan
a Portobelo, donde ya hay carretera para pedalear.
Yo encontré uno de estos, pero a los dos
días me dijo que no. Entonces me fui por
un boleto de avión y me quedé sin
plata en mi cuenta. Entonces conocí a Gina,
y esos días tan entre aburridos y estresantes
se me pasaron muy deprisa. Cuando me subí
al avión pensaba como todo un continente,
los Andes, Juli, Pako, Crisa,… y casi dos
años de viaje quedaban atrás.
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FICHA
TÉCNICA: Las tiendas de bicis.
Colombia es posible que sea el país latinoamericano
con mayor afición a los pedales. Los talleres
y tiendas de bicis están repartidos por todo
el país. Y el material que se encuentra,
por lo general americano y de importación,
se vende a unos precios que creemos son los más
bajos del mundo. Si quieres comprar material, vestimenta,
accesorios, etc., éste es el país
indicado.
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