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Esos flujos son a veces creativos; otras veces, devoradores, descomponen el colectivo. Exponerse a ellos con naturalidad, sin reservas, forma parte de la lógica de nuestro grupo. Es lo mismo que decir que la lógica del éxito o del fracaso está fuera de nuestros razonamientos. Porque el desafío de vivir es lo suficientemente hermoso como para no aceptar juicios. Y en este caso, para nuestro grupo, el viaje y la vida van a ser lo mismo durante un largo tiempo. Y en ese tiempo, la casa será casi siempre la bici. La tienda de campaña o el cielo raso para dormir, la cocina de alcohol o gasolina para comer, ríos o pozos para lavar y lavarse. El sol, el fuego, la luna y las linternas como luz. Pero otras veces, también, campings, hoteles, luz eléctrica, restaurantes. De cuatro a siete días de ruta y de uno a tres de descanso. De preferencia, no pasar por las ciudades, excepto para papeleos. Reducir el peso al máximo. Ropa de temporada, ligera o térmica. Previsiones que el día a día se encargará, seguro, de arruinar. Que así sea.
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Bicicletos
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