NAVIDADES EN EL EQUINOCIO.


Otras navidades currando. La verdad es que las últimas fueron hace dos años. Desde entonces, sólo había ‘laburado’ 15 días en Chile, guiando a una cliente de los EE.UU, el país que primero te llama y luego te asusta. La falta de patrocinios nos obliga a buscar chambas casuales, parar de vez en cuando, hacer pasta y seguir ruta.

Al llegar a Quito ya tenía varios contactos de ciclistas locales (Edgar, Lucky, el Crosty, Alex ‘Chain’). La página web va funcionando. A muchos ciclistas los conocemos ‘virtualmente’. Muchos otros contactos los hemos conseguido de pasar por las ‘casas de ciclistas’ que saltean el continente. Una buena red de info y contactos para los ruteros se va tejiendo poco a poco.


Como tenía que esperar a Juli una semanita, me pasé por las oficinas de operadores de turismo que ofertaban viajes en bici que me recomendaron la gente de aquí. ¡Y bingo! Jan, ‘el biking dutchman’ (www.bikingdutchman.com), necesitaba ayuda para un grupo que venía a pedalear dos semanas por el país. Jan es un trotamundos holandés afincado en Ecuador desde hace más de 15 años, cuando una chica ecuatoriana le paró los pies. Nostálgico de los Hare Krishna de la India, bebedor con éxito de cerveza, Jan ha sido uno de los primeros operadores de viajes en bici del continente, y oferta desde salidas diarias a los clásicos downhills del país (Cotopaxi, Guagua Pichincha, Chimborazo, Papallacta), hasta travesías más largas por el corredor de los volcanes hasta la selva o la costa. Tailor-made tours, vamos.problemas.

 

 

Así que el 20 de diciembre recibimos a un grupo de 21 holandeses, con una media de edad ‘media-alta’ y muchas ganas de pedalear. El programa era de 15 días de bici, con bus y coche de apoyo, refrigerios, agua mineral y hotel de lujo por la noche. Turismo de salón, como yo le digo. No obstante, había mucho espíritu en el grupo y un buen número de maníacos de la burra que siempre querían más pedal.

 

Gracias a este currete pude por fin ver de cerca y con los cielos despejados algunos de los volcanes más hermosos del país: Cayambe, Antisana, Tungurahua (activo y humeante), Quilotoa, Cotopaxi. Tuvimos suerte y sólo nos llovió un día: el último, claro. Visitamos lagos, termas, la selva amazónica, subimos a 5000m al segundo refugio del Chimborazo, el techo de Ecuador; páramos andinos, lagunas volcánicas, bosques húmedos. El turismo tiene sus ventajas. Y con el resto de los curritos muy bien, pana. César, mecánico y conductor del Land Cruiser, y Humberto, conductor del bus. Ha sido una buena experiencia, a camino entre la Europa del norte y el sabor latino. En la nochevieja nos juntamos todos y entremezclamos culturas: quemamos al ‘año viejo’, una costumbre muy ecuatoriana en la que se quema un muñeco que representa al año viejo y todas sus miserias. La entremezcla fue que el muñeco representaba a Jan. Y los de la ‘naranja mecánica’ bailaban los últimos éxitos del reggaetón latino: “sa, sa, sa” y “el pobre diablo”, con tímpanos rotos y una y otra vez, una y otra vez... Colorido. Y del salario ni os cuento para no provocar risa, pero bastante bueno respecto al ‘standard local’.

 

Tras la Navidad me quedo un poquito más. Estoy colaborando en la organización de un campeonato de ciclismo de montaña que será durante las fiestas del Pawkar Raymi, la época del florecimiento en el calendario andino (www.otavalosonline.com). A primeros de febrero la comunidad otavaleña de Peguche organiza un campeonato indígena de fútbol, otro de basket y una carrera de bicis, todo durante las celebraciones y los ritos del Pawkar. Culturas y deportes, buena mezcla. La historia promete más color. Hasta las próximas navidades, que espero sean en el hemisferio norte.