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Con el sueño de vivir una aventura, se reunieron
un grupo de amigos de la bicicleta como un medio de transporte
sufrido pero saludable, con la intención de dar
la vuelta al mundo.
La idea surgió en 1993, cuando cuatro amigos, Julián,
Josetxu, Pepe y Antonio, comenzaron a ahorrar dinero para
comprar un 4x4 y recorrer el mundo. Al poco tiempo, la
sociedad se deshizo y el plan se olvidó. En el
verano del año siguiente, durante un viaje en bicicleta
por los Himalayas indios, decidieron retomar aquel antiguo
sueño, pero en bicicleta.
DEJAMOS LOS TRABAJOS
POR LA AVENTURA
El grupo ha ido creciendo y decreciendo según
circunstancias y gustos. Violeta y Ana se incorporaron
en momentos diferentes, la primera en Cádiz y la
segunda en Marruecos. Ahora, ya en Madrid, y después
de cinco meses y casi dos años respectivamente
por tierras africanas, nos cuentan que "en cuanto
tengamos dinero, nos unimos". Carlos y Olga completaban
el equipo de salida.
"Es difícil decir porqué una se decide
a hacer algo así, supongo que hay que ser un poco
inquieta. En mi caso, -nos cuenta Ana-, tenía 31
años, siempre me ha gustado viajar y el momento
se presentó, era entonces o nunca. Y me fui".
Así que dejaron sus empleos, lo dijeron en casa,
hicieron maletas y agarraron la bici.
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HABIA QUE TOMAR
PRECAUCIONES
El 12 de Octubre de 1999, la Hispanidad, l@s biciclet@s
recorrían las calles madrileñas para
despedirse en "El Laboratorio", Plaza
de Cabestreros. El último brindis en la taberna
"El Paso", en el barrio variopinto y castizo
de Lavapiés.
Emprender un viaje de estas características
requiere mucha preparación y responsabilidad,
"quizá por eso no somos un grupo de
jovencillos que se lían la manta a la cabeza,
sino que tenemos entre 30 y 40 años y pensamos
en todos los peligros y previsiones", asevera
Ana. Por ejemplo, el equipaje tenía que ser
ligero, material deportivo, calzado para cuando
bajas de la bici, botiquín, útiles
de higiene y sobre todo, herramientas. Otros aportaron
grabadoras y cámaras.
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La pastora pasea sus camellos
por la playa en Sidi Ifni
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HAY QUE VIVIR CON LO
JUSTO
"Una de las cosas que más se echa en falta
son los libros. Cuando había que parar de doce
a cinco de la tarde por el calor, las horas pasaban lentas",
recuerda Ana.
Todavía quedaban despedidas en Jaén, Granada
y Cádiz. El plan original era cruzar el Estrecho
de Gibraltar y recorrer Africa de norte a sur por la costa
Oeste hasta el centro, y desde allí decidir si
atravesar el Congo hacia la costa Este, o hacerlo por
Angola. Una vez alcanzada Ciudad del Cabo, cogerían
un barco o avión hacia Asia o América.
TE ABRUMA LA BONDAD
DE LA GENTE SENCILLA
El desierto del Sahara, a partir de los Atlas en Marruecos,
pasa por Mauritania hasta el río Senegal, donde
cambia la naturaleza, las etnias y la forma de vida. "Si
hay algo que destacar por encima de todo, -aseguran Ana
y Violeta-, es la enorme hospitalidad de la gente. Es
indescriptible, piensa que éramos ocho, y todos
tuvimos cama y comida siempre que lo pedíamos.
Para ellos es sagrado, darte todo lo que tengan. Fue impresionante,
de repente tienes conciencia de que hay gente que es bondadosa,
que en su quehacer cotidiano está la generosidad".
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Playa Legshira, en Marruecos.
El paisaje habla por sí solo.
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UNA DE LAS CHICAS
SE PERDIO EN EL DESIERTO
La zona conocida como El Sahel les acompañó
a lo largo de miles de kilómetros por Mali
(donde se perdió otra de las chicas !cuatro
días sola¡) y Burkina Faso.
El sur de Senegal, Bissau y Guinea pertenecen a
otro tipo de vegetación, más verde,
casi tropical. No pudieron conocer Sierra Leona
y Liberia porque estaban en guerra y Costa de Marfil
también había cerrado sus fronteras.
Así llegaron hasta Togo. Congo y Angola no
los incluyeron en la ruta, por los conflictos armados,
así que optaron por volar hasta Johanesburgo
en Sudáfrica.
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EN SUDAFRICA TRABAJAMOS
Desde allí subieron a Namibia y lo recorrieron
de norte a sur con la ilusión de venir desde Angola,
como si no hubieran tenido que interrumpir el viaje y
coger un avión.
Sudáfrica fue la persecución de un grupo
a otro. "Allí nos quedamos dos compañeros
más y yo a trabajar, -dice Ana-, porque se agotó
el dinero, y es difícil trabajar en el resto del
continente. Pero además, necesitábamos descansar
unos de los otros. Casi dos años con las mismas
personas las 24 horas del día puede llegar a ser
agotador. Elegir rutas alternativas también era
por eso".
!VIMOS MOSCAS TSE-TSE¡
Los paisajes varían de una región a otra.
En Lesotho está el paso más alto del continente
con 3250m, el Tae Leng Pass. Pedalearon por las verdes
colinas de Swazilandia hasta la llanura inmensa de Mozambique.
En Malawi el gran lago les vio pasar acompañados
por amigos que habían ido de visita, sin bicicleta.
Luego la sequedad, las moscas Tse-Tse en Tanzania y el
miedo a los animales salvajes. Kenya es más verde
y Uganda, un paraíso de verdor.
Ahora mismo están en La India Julián, Josetxu
y Pepe, Antonio se unirá en breve, y mientras,
uno se va al Himalaya y los otros a Tailandia porque les
caduca el pasaporte.
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HEMOS PEDALEADO
23000 KM Y SEGUIMOS ADELANTE
En estos momentos con la India como escenario,
el viaje va a cumplir 29 meses y el recorrido supera
los 23000 km pedaleados.
Unas veces por gusto y otras por necesidad, van
parando para poder empaparse, dentro de lo posible,
de los conocimientos y viviencias de las diferentes
culturas por las que pasan. Los planes cambian constantemente
y la elcción de la ruta es dura, saben que
dejan a un lado, quizá para siempre, lugares
tan merecibles como los que visitarán.
"Hay momentos en los que no puedes más,
pedalear es agotador y estás harto. Y te
digo que, por ejemplo todos tuvimos malaria, algunos
hasta reincidieron, pero compensa lo suficiente
como para quedarte y tener unas ganas enormes de
volver. Cada vez que hablo de ello, de lo que viví,
me pongo un pelín melancólica, pero
en seguida pienso que volveré, y se me pasa,
concluye Ana.
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