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Artículo publicado en la Revista española Saber Vivir, Nº 22 Junio 2002

Vidas apasionantes.
"ESTAMOS DANDO LA VUELTA AL MUNDO EN BICICLETA".

¿Quién no ha soñado en las clases de geografía con estar presente en esos lugares remotos y exóticos?. Esa idea fue la que hizo que un grupo de amigos decidiera dar la vuelta al mundo... en bici. Ana y Violeta, de vuelta en Madrid, nos lo cuentan.

Con el sueño de vivir una aventura, se reunieron un grupo de amigos de la bicicleta como un medio de transporte sufrido pero saludable, con la intención de dar la vuelta al mundo.
La idea surgió en 1993, cuando cuatro amigos, Julián, Josetxu, Pepe y Antonio, comenzaron a ahorrar dinero para comprar un 4x4 y recorrer el mundo. Al poco tiempo, la sociedad se deshizo y el plan se olvidó. En el verano del año siguiente, durante un viaje en bicicleta por los Himalayas indios, decidieron retomar aquel antiguo sueño, pero en bicicleta.

DEJAMOS LOS TRABAJOS POR LA AVENTURA

El grupo ha ido creciendo y decreciendo según circunstancias y gustos. Violeta y Ana se incorporaron en momentos diferentes, la primera en Cádiz y la segunda en Marruecos. Ahora, ya en Madrid, y después de cinco meses y casi dos años respectivamente por tierras africanas, nos cuentan que "en cuanto tengamos dinero, nos unimos". Carlos y Olga completaban el equipo de salida.
"Es difícil decir porqué una se decide a hacer algo así, supongo que hay que ser un poco inquieta. En mi caso, -nos cuenta Ana-, tenía 31 años, siempre me ha gustado viajar y el momento se presentó, era entonces o nunca. Y me fui".
Así que dejaron sus empleos, lo dijeron en casa, hicieron maletas y agarraron la bici.

HABIA QUE TOMAR PRECAUCIONES

El 12 de Octubre de 1999, la Hispanidad, l@s biciclet@s recorrían las calles madrileñas para despedirse en "El Laboratorio", Plaza de Cabestreros. El último brindis en la taberna "El Paso", en el barrio variopinto y castizo de Lavapiés.

Emprender un viaje de estas características requiere mucha preparación y responsabilidad, "quizá por eso no somos un grupo de jovencillos que se lían la manta a la cabeza, sino que tenemos entre 30 y 40 años y pensamos en todos los peligros y previsiones", asevera Ana. Por ejemplo, el equipaje tenía que ser ligero, material deportivo, calzado para cuando bajas de la bici, botiquín, útiles de higiene y sobre todo, herramientas. Otros aportaron grabadoras y cámaras.

La pastora pasea sus camellos
por la playa en Sidi Ifni

HAY QUE VIVIR CON LO JUSTO

"Una de las cosas que más se echa en falta son los libros. Cuando había que parar de doce a cinco de la tarde por el calor, las horas pasaban lentas", recuerda Ana.
Todavía quedaban despedidas en Jaén, Granada y Cádiz. El plan original era cruzar el Estrecho de Gibraltar y recorrer Africa de norte a sur por la costa Oeste hasta el centro, y desde allí decidir si atravesar el Congo hacia la costa Este, o hacerlo por Angola. Una vez alcanzada Ciudad del Cabo, cogerían un barco o avión hacia Asia o América.

TE ABRUMA LA BONDAD DE LA GENTE SENCILLA

El desierto del Sahara, a partir de los Atlas en Marruecos, pasa por Mauritania hasta el río Senegal, donde cambia la naturaleza, las etnias y la forma de vida. "Si hay algo que destacar por encima de todo, -aseguran Ana y Violeta-, es la enorme hospitalidad de la gente. Es indescriptible, piensa que éramos ocho, y todos tuvimos cama y comida siempre que lo pedíamos. Para ellos es sagrado, darte todo lo que tengan. Fue impresionante, de repente tienes conciencia de que hay gente que es bondadosa, que en su quehacer cotidiano está la generosidad".

Playa Legshira, en Marruecos.
El paisaje habla por sí solo.

UNA DE LAS CHICAS SE PERDIO EN EL DESIERTO

La zona conocida como El Sahel les acompañó a lo largo de miles de kilómetros por Mali (donde se perdió otra de las chicas !cuatro días sola¡) y Burkina Faso.
El sur de Senegal, Bissau y Guinea pertenecen a otro tipo de vegetación, más verde, casi tropical. No pudieron conocer Sierra Leona y Liberia porque estaban en guerra y Costa de Marfil también había cerrado sus fronteras. Así llegaron hasta Togo. Congo y Angola no los incluyeron en la ruta, por los conflictos armados, así que optaron por volar hasta Johanesburgo en Sudáfrica.

EN SUDAFRICA TRABAJAMOS

Desde allí subieron a Namibia y lo recorrieron de norte a sur con la ilusión de venir desde Angola, como si no hubieran tenido que interrumpir el viaje y coger un avión.
Sudáfrica fue la persecución de un grupo a otro. "Allí nos quedamos dos compañeros más y yo a trabajar, -dice Ana-, porque se agotó el dinero, y es difícil trabajar en el resto del continente. Pero además, necesitábamos descansar unos de los otros. Casi dos años con las mismas personas las 24 horas del día puede llegar a ser agotador. Elegir rutas alternativas también era por eso".

!VIMOS MOSCAS TSE-TSE¡

Los paisajes varían de una región a otra. En Lesotho está el paso más alto del continente con 3250m, el Tae Leng Pass. Pedalearon por las verdes colinas de Swazilandia hasta la llanura inmensa de Mozambique.
En Malawi el gran lago les vio pasar acompañados por amigos que habían ido de visita, sin bicicleta.
Luego la sequedad, las moscas Tse-Tse en Tanzania y el miedo a los animales salvajes. Kenya es más verde y Uganda, un paraíso de verdor.
Ahora mismo están en La India Julián, Josetxu y Pepe, Antonio se unirá en breve, y mientras, uno se va al Himalaya y los otros a Tailandia porque les caduca el pasaporte.

HEMOS PEDALEADO 23000 KM Y SEGUIMOS ADELANTE

En estos momentos con la India como escenario, el viaje va a cumplir 29 meses y el recorrido supera los 23000 km pedaleados.
Unas veces por gusto y otras por necesidad, van parando para poder empaparse, dentro de lo posible, de los conocimientos y viviencias de las diferentes culturas por las que pasan. Los planes cambian constantemente y la elcción de la ruta es dura, saben que dejan a un lado, quizá para siempre, lugares tan merecibles como los que visitarán.
"Hay momentos en los que no puedes más, pedalear es agotador y estás harto. Y te digo que, por ejemplo todos tuvimos malaria, algunos hasta reincidieron, pero compensa lo suficiente como para quedarte y tener unas ganas enormes de volver. Cada vez que hablo de ello, de lo que viví, me pongo un pelín melancólica, pero en seguida pienso que volveré, y se me pasa, concluye Ana.